Fue un concierto corto, pero lleno de todos sus éxitos. Maroon 5 se fue cargado de críticas en su última visita a México en 2022. Aquel año ofreció un concierto sin interacción, que duró poco y cuya actuación el público no dejó de reclamar desde entonces. Ayer, entonces, la banda, junto a su vocalista Adam Levine, vio su oportunidad de saldar su deuda en su regreso a la Ciudad de México.

Y lo dieron todo en el Alfredo Harp Helú, el estadio originalmente de béisbol que, sin embargo, permitió una gran acústica de principio a fin. Desde Harder hasta Sugar, eso permitió que el público, repleto de mujeres, estuviera involucrado en cada momento, pero también en todos los discursos de Levine.

Gracias México, ¿cómo se sienten? Voy a cantar esta canción de mi segundo álbum. Regreso a esta canción porque ustedes la aman. Esta es para los fans más locos”, dijo, antes de interpretar Memories.

Estallido de sensualidad de Adam Levine

El verdadero momento de revelación, tanto de Levine como de su público, fue cuando este se retiró la sobrecamisa que llevaba puesta. Dejó ver sus tatuajes, sus brazos trabajados en el gimnasio, y las chicas no se resistieron.

Que se encuere, que se encuere”, gritaban en la grada, pero, si bien Levine fue generoso durante toda la noche, no lo fue tanto como para también quitarse la camiseta que cubría su pecho y vientre.

Después del estallido por la sensualidad, todo fue ternura. She Will, Love Somebody y Girls Like You, puros clásicos de Maroon 5, sonaron y siempre estuvieron acompañados de las gargantas de sus 12 mil fanáticas.

Incluso entre mujeres que no se conocían, terminaban bailando y cantando los temas que marcaron toda una época a principios de los 2000 y más allá.

Confort e interacción en el Harp Helú

Después de aquel traspié de 2022, este miércoles por la noche Levine fue amoroso con sus fans. Se acercó a ellos caminando todo lo largo y ancho del escenario y ofreció un show de casi dos horas, cargado de todas las canciones que todos quieren escuchar y, si acaso, una o dos canciones nuevas.

La noche, el clima acompañó. La luna se asomó apenas, gorda, llena, redonda, tras del techo macizo de metal del Harp Helú y algunas cuantas nubes que quedaban de la tormenta de esa noche en la capital.

Phone y Sugar sonaron en ese contexto después del famoso encore. Fingieron que se habían despedido y regresaron para cantar un par de temas más, que el público volvió a agradecer.

La comodidad, el confort del Harp Helú también fueron un factor que, a partir de ahora, acompañarán a distintos conciertos de la Ciudad de México.