Aida Cuevas tomó el valor y orgullo de antecesoras como Lucha Reyes, Flor Silvestre, Lola Beltrán, Lucha Villa y María de Lourdes para forjar su propio camino en la música ranchera y, con el tiempo, también ser influencia de las nuevas generaciones.
Lo primero que hizo es enfudarse el traje de charro, abrocharse la botonadura y ponerse el sombrero y las botas para recordarnos que esta tradición, dice convencida, no sólo es de hombres.
Hoy se dice orgullosa de haber presumido el traje de charro, en su versión femenina, a lo largo de 50 años de carrera, lo mismo en Latinoamérica que en Estados Unidos y Canadá, en Irán que en Rusia, en España que en Alemania.
“Ha sido nadar contracorriente en un género que es de hombres. Al principio era mal visto que la mujer se pusiera traje de charro y luego cantara ‘Juana gallo’, era como: ¿Cómo te envalentonas con eso?”, cuenta a EL UNIVERSAL.
Pero la intérprete de “Quizás mañana” sabe que para que ella pudiera llegar, hubo otras mujeres que abrieron la brecha como Lola Beltrán, Lucha Villa o Amalia Mendoza, por lo que ella decidió subir un escalón más en esta lucha.
“Ellas vestían mucho más con vestido; yo dije: voy a imponer que nos vistamos de charra, porque así debe ser, la mujer tiene tanto derecho como el hombre de portar un traje que para mí es emblemático, una representación de México ante el mundo”, señala.
Ahora ve con más frecuencia que las nuevas generaciones portan el traje de charro, como Majo Aguilar y Yuridia, y no sólo eso, con la música de mariachi llenan estadios y auditorios.
En el mismo sendero está su hija Valentina Cuevas, quien también tratará de forjar su camino en la música mexicana.
“Me emociona mucho saber que hay chicas que siguen mis pasos, que quieren cantar la misma música y quizá vestirse como yo, es muy importante dejar un legado y en vida verlo, además, porque te da esa motivación para seguir adelante, no claudicar y para tratar de estar evolucionando dentro de lo que yo hago”.
Más que premios, amigos y aplausos
En cinco décadas ha ganado premios como el Grammy y el Latin Grammy, pero lo que más valora, afirma, son los amigos, como Juan Gabriel (padrino de su hijo Rodrigo); ambos además consideraban algo vital en un artista: El aplauso.
“El mayor reconocimiento, como lo hablé muchas veces con Juan Gabriel, es el aplauso del público, que te den la oportunidad de ir más allá, de poder llevar tu música y que te den el reconocimiento de un Grammy, el Latino, pues muchos nos conocen, pero el americano es mucho más difícil”.
Aida, quien ayer cumplió 63 años de vida, ha dedicado 50 a su carrera, algo que, confiesa, esperaba desde muy joven, por eso festejará este martes 29 de septiembre con una misa por la noche en la Basílica de Guadalupe, seguido de un concierto en el mismo lugar.
Pero así como hace cinco décadas se vistió de charra, sabe que algún día colgará el traje.
“Me gustaría a lo mejor en unos 10 años decir adiós y poderme retirar dignamente, con buena voz, que me aplaudan, y no porque me tengan lástima”.
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