Las decenas de camas alineadas en el albergue "El Buen Samaritano" lucen hoy cubiertas de polvo, los espacios de juegos para niños permanecen en un estricto silencio y el área acondicionada para impartir clases comunitarias se quedó totalmente sin estrenar.

El escenario en este refugio de Ciudad Juárez, Chihuahua, refleja la drástica caída en los flujos migratorios provocada por el endurecimiento de las políticas fronterizas y el incremento de la vigilancia militar y policial en ambos lados del Río Bravo.

Años atrás, el pastor Juan Fierro acondicionó su iglesia con recursos donados para ofrecer un techo seguro a familias en tránsito. El espacio llegó a brindar alimentación, vestimenta, atención médica y acompañamiento educativo a cientos de personas que cruzaban México con el sueño de llegar a Estados Unidos. Sin embargo, la dinámica cambió de forma radical.

"Muchas de las cosas han ido disminuyendo, todo lo que es el flujo migratorio de que las personas llegaran hasta aquí a la frontera de México, porque tenemos vigilancia tanto en Estados Unidos como en México", explica el pastor Juan Fierro sobre la soledad que hoy se respira en el recinto.

En la actualidad, las amplias instalaciones de "El Buen Samaritano" albergan a una sola familia de origen ecuatoriano. Salomé Beláustegui y sus allegados huyeron de su país natal tras ser víctimas de extorsiones y amenazas de muerte por parte de grupos criminales; sin embargo, al llegar a la franja fronteriza fueron estafados por los traficantes de personas que contrataron para el traslado.

"Nuestro guía comenzó a tratar de sacarnos más dinero de lo que ya nos pidió y nos dejó justo en la entrada a Ciudad Juárez, en un hotel. Ahí dijo 'me dan el dinero completo y yo los paso a Estados Unidos', pero con lo que nos subió la tarifa dijimos 'no, este nos quiere hacer daño'", relata Salomé.

La travesía económica para la familia fue devastadora. Tan solo para ingresar a México por la frontera de Tapachula desembolsaron cerca de 12 mil dólares, suma a la que se añadieron otros 8 mil dólares para llegar desde la Ciudad de México hasta la frontera chihuahuense.

Sin recursos financieros y con las vías de asilo cerradas, la familia evalúa buscar trabajo localmente o reunir dinero para regresar a Ecuador si las condiciones cambian.

La realidad de "El Buen Samaritano" no es aislada. Los encargados de los casi 20 albergues dedicados a la asistencia humanitaria en Ciudad Juárez confirman que, aunque han dejado de recibir apoyos o donaciones constantes para el mantenimiento cotidiano, hacen esfuerzos por conservar la infraestructura abierta en caso de que las dinámicas geopolíticas desaten una nueva ola emergente de personas en movilidad.