Entre calaveras y catrinas monumentales, flores de cempasúchil, música, artesanías y sabores tradicionales, Toluca llevó al Congreso de la Unión una de sus expresiones culturales más reconocibles: el Alfeñique.
Pocos países como México han hecho de sus tradiciones una forma de memoria viva.
Celebraciones que sobreviven no solo porque se recuerdan, sino porque se comparten, se transforman y encuentran nuevas maneras de convocar a las siguientes generaciones.
El Alfeñique pertenece a ese universo: una tradición profundamente toluqueña que dialoga con una manera profundamente mexicana de entender la vida y la muerte.
En Toluca, el azúcar adquiere forma de calaveras, animales y figuras que acompañan una manera muy mexicana de relacionarnos con la muerte: recordarla sin solemnidad absoluta, representarla, nombrarla con alegría para vincularnos con quienes ya partieron y hasta hacer de ella objeto de sátira.
Alrededor del dulce ocurrirá algo más
Durante la Feria del Alfeñique, los Portales de Toluca, las calles, las plazas y los espacios culturales se convierten durante estas semanas en lugares de encuentro; la gastronomía sale de las cocinas, el trabajo artesanal se exhibe y las familias vuelven a apropiarse del espacio público.
He ahí la fuerza de esta celebración: la cultura deja de ser únicamente algo que se contempla para convertirse en algo que se vive colectivamente.
Por unas horas, también el Palacio Legislativo de San Lázaro cambió de lenguaje y se vistió de tradición.
Ahí, el presidente municipal Ricardo Moreno Bastida presentó el trabajo de las familias artesanas que durante generaciones han conservado los conocimientos y técnicas de elaboración del Alfeñique.
No es un esfuerzo aislado: en 2025, una iniciativa surgida desde el gobierno municipal derivó en su reconocimiento como Patrimonio Cultural Inmaterial del Estado de México y, ahora, la gestión busca avanzar hacia la obtención de una indicación geográfica.
La diferencia es relevante.
Mientras la declaratoria patrimonial reconoce y salvaguarda una expresión cultural, la indicación geográfica es una figura de propiedad industrial que reconoce que la calidad, reputación o características de un producto están vinculadas con el territorio del que proviene.
Para el Alfeñique, significa fortalecer y proteger formalmente el vínculo construido durante generaciones entre el dulce, sus artesanos y Toluca.
Preservar una tradición es conservar su memoria; proteger su origen es darle herramientas para fortalecer su permanencia.
La Feria y Festival Cultural Alfeñique Toluca 2026 se llevará a cabo del 3 de octubre al 2 de noviembre con más de mil 200 actividades de música, teatro, literatura, gastronomía, artesanías y cultura popular.
No se trata solo de la variada y atractiva cartelera, sino de provocar encuentros, mostrar tradiciones, acercarlas a las nuevas generaciones y hacer del espacio público uno de convivencia.
Una pieza monumental comenzó a elaborarse en la Cámara de Diputados para continuar después su recorrido hasta Toluca, donde buscará convertirse en el Alfeñique más grande del mundo.
La imagen resume bien el momento: una tradición construida durante generaciones salió de Toluca para ocupar uno de los principales espacios políticos del país y regresará a casa convertida en una expresión de patrimonio vivo. Porque una tradición no permanece solo porque venga del pasado; permanece cuando una comunidad sigue encontrando en ella una forma de reconocerse, reunirse y proyectarse hacia el futuro.
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