La economía chilena está creciendo menos de lo que es deseable, lo que, entre otras cosas, explica el desempleo existente. Frente a este hecho, el gobierno ha estado tomando una serie de medidas, destacando el megaproyecto de reconstrucción, por promulgarse. Éste contempla una serie de rebajas tributarias, una nueva reducción de la nefasta permisología existente, y la opción de invariabilidad tributaria para proyectos de un valor superior a los 50 millones de dólares. El gobierno tiene además en carpeta una serie de reformas sectoriales, destacando entre ellas aquellas orientadas a aumentar la eficiencia con que operan el Estado y el mercado de capitales. ¿Será eso suficiente para elevar en los próximos años la tendencia de la tasa de crecimiento económico al 4 por ciento anhelado?

Una de las lecciones de la historia es que una condición necesaria -si bien no suficiente- para la convergencia de los ingresos por persona de los países más pobres a aquellos de las naciones más ricas, es que exista un amplio acuerdo en torno a las instituciones que regulan el quehacer económico-social. Tal entendimiento existió en Chile en buena parte del siglo XIX y durante la época del milagro económico chileno, entre 1990 y 2010, y fueron esos períodos en que la economía chilena creció a tasas muy superiores a las economías entonces consideradas desarrolladas, incluyendo a aquella de los EE.UU.

La explicación del fenómeno anterior reside en que la falta de un acuerdo institucional básico genera incertidumbre económica y los inversionistas tienden a asumir riesgos, pero huyen frente a la incertidumbre. Los empresarios toman riesgos, pero exigen altas tasas de retorno a sus inversiones, tasas que tenderán a ser mayores mientras mayor sea la incertidumbre.

Pues bien, en Chile tenemos actualmente un alto grado de incertidumbre económica, fenómeno que no tuvimos en la época del milagro. En efecto, el Índice de Incertidumbre Económica (IEC) de Clapes UC, que en 2019 a penas superaba los 100 puntos, en los meses que van corridos de 2026 marca valores cercanos a los 300 puntos. Similar comportamiento se puede inferir a partir de la evolución de la cartera de inversiones de las AFP (ver datos en François Meunier, El Mostrador, septiembre 2026).

En resumen, el gobierno de Chile ha iniciado un proceso de importantes reformas económicas, que debieran aumentar su tasa de crecimiento económico. No obstante, nuestra propia historia económica sugiere que para que las medidas impulsadas generen el crecimiento deseado, es condición necesaria reducir significativamente la incertidumbre institucional prevaleciente. Ello requiere de la buena política, aquella que genera amistad cívica y, citando al cardenal Fernando Chomali, permita llegar a “grandes acuerdos y generosos consensos”.

Por Rolf Lüders, economista