La senadora Andrea Chávez no es una mujer de la clase política mexicana que se haya distinguido por sus aportaciones a la nación. Por el contrario, ha sido objeto de serias sospechas de tráfico de influencias. Se recordará que fue en su momento señalada por mantener lazos políticos con Adán Augusto López.
La legisladora estaba convencida de que sería la candidata de Morena al estado de Chihuahua. Contaba no solo con el espaldarazo del exsecretario de Gobernación, sino también con el apoyo de “clase empresarial” que la financiaba la puesta en marcha y circulación de unidades móviles dirigidas a “llevar servicios médicos” a los chihuahuenses, con su rostro impreso en cada de ellas, en una abierta violación a la ley electoral, amén de no haber declarado jamás quienes eran los patrocinadores.
En un caliente debate en el espacio de Azucena Uresti la diputada panista Kenia López le recriminó hace algunos meses contravenir abiertamente la ley. Chávez, por su parte, a pesar de pretender guardar la compostura, no fue capaz de sacudirse las acusaciones de su compañera de mesa. Fingió honestidad, pero demostró una total impericia en el manejo de los argumentos y fue expuesta una y otra vez. Sin embargo, creía aún que sería la candidata del oficialismo en su estado.
No le ha salido bien. Por un lado, Adán Augusto y los miembros de su círculo parecen haber perdido espacios rumbo a las elecciones del año que viene, y por el otro, fue descartada como “defensora de la transformación” en Chihuahua. A pesar de buscar convertirse en la principal enemiga de la vilipendiada Maru Campos, quedó al final, por ahora, como una rival menor.
Sin embargo, no todo pinta mal para la joven morenista. Ha sido recompensada con la candidatura para Ciudad Juárez. No está mal si uno lo piensa bien. No obstante, tendrá que esperar para buscar de nuevo la máxima investidura en aquel estado del norte del pais. Por ahora tendrá que ser paciente, sea que el reacomodo de la facción morenista de la que forma parte recupere su fuerza y que se sacuda los lazos con La Barredora tabasqueña, u obtener experiencia que le permita no salir vapuleada en los debates, y eventualmente hacer posible que un día alcance su sueño de encabezar la transformación en su entidad.




