Siempre hay un chileno, dice un viejo dicho. En Estados Unidos, específicamente en el mundo del pádel, nuestro compatriota Andrés Contreras está plantando bandera.
El exseleccionado chileno y otrora capitán de La Roja de dicha disciplina se encuentra en Miami, la capital latina de Gringolandia, como entrenador.
El bueno de Andrés comenzó de a poquito, con dos canchitas y cerca de 10 alumnos. Ahora tiene seis canchas y 250 deportistas a su cargo, consignó La Tercera.
Entre sus pupilos más destacados están Brittany Dubins, número cuatro del ranking femenino en el país norteamericano, y el trasandino Juan Manuel “Guga” Vázquez, actual 14 en el USPA Circuit, quien fue número uno en su momento.
-¿Cómo comenzó tu carrera en el pádel?
-Empecé muy joven, alrededor de los 11 años, mirando a mi papá, que jugaba por diversión con amigos. Un día le pedí probar y empecé pegándole a la pelota contra la pared, que en ese tiempo era de cemento, con una paleta de madera, también de esa época. Sentí inmediatamente que se me daba bien.
Todo esto fue cuando el pádel todavía era un deporte bastante nuevo en Chile. Lo que comenzó como un deporte que me gustaba rápidamente pasó a ser competitivo y tuve la oportunidad de representar a Chile desde categorías juveniles y competir internacionalmente en campeonatos mundiales.
Desde ahí el pádel nunca salió de mi vida. Con los años fui viviendo distintas etapas y distintos roles dentro del deporte, como jugador, entrenador y también trabajando en la dirección y desarrollo de clubes. Ha sido una trayectoria de muchos años y he tenido la suerte de ver cómo el pádel pasó de ser un deporte muy pequeño a convertirse en lo que es hoy.
-¿Por qué tienes tanta conexión con el pádel?
-Porque crecí con este deporte. Las experiencias más importantes de mi vida profesional están relacionadas con el pádel: representar a Chile y competir internacionalmente, y después vivirlo también desde el otro lado de la cancha, como entrenador y capitán de la selección femenina chilena. Con los años también pude entrenar jugadores de alto rendimiento y dedicarme a formar nuevas generaciones.
Además, es un deporte que nunca terminas de aprender. Incluso después de tantos años sigo encontrando cosas nuevas, tanto como entrenador como cuando entro a una cancha. Creo que esa es una de las razones por las que sigo teniendo la misma conexión con el pádel.
-¿Qué piensas de todo el boom que ha tenido el pádel en el último tiempo?
-Para quienes llevamos tantos años en este deporte es impresionante. Yo conocí un pádel muchísimo más pequeño, cuando había pocas canchas y era un deporte bastante desconocido, y hoy vemos circuitos profesionales internacionales, estadios llenos, inversión, transmisiones en grandes plataformas deportivas y clubes abriendo constantemente en distintos países.
En Estados Unidos lo he visto especialmente rápido. Cuando llegué era un deporte mucho más de nicho y hoy el crecimiento es evidente. Lo más interesante es que creo que todavía tiene muchísimo espacio para seguir creciendo.

-¿Cómo iniciaste tu carrera como profesor de pádel? ¿Y cómo llegaste a Estados Unidos?
-En mi caso, ser jugador y entrenador siempre fueron caminos que fueron de la mano. Empecé a jugar muy joven y también muy temprano tuve la oportunidad de competir y adquirir experiencia internacional. En esos años el pádel todavía estaba comenzando en Chile y no había tantos entrenadores con experiencia en el deporte, entonces naturalmente empecé también a enseñar y a compartir lo que iba aprendiendo.
Por eso nunca sentí que primero fui jugador y después entrenador. Durante muchos años las dos cosas coexistieron: mientras competía, también entrenaba jugadores. Con el tiempo fui profesionalizando cada vez más esa faceta, estudié Educación Física y fui asumiendo mayores responsabilidades como entrenador y en equipos nacionales.
Llegar a Estados Unidos fue otra etapa de ese mismo camino. Vi que el pádel estaba comenzando a crecer muy rápido y que había muchísimo por desarrollar. En Miami he podido aplicar toda esa experiencia, tanto trabajando con jugadores de alto rendimiento y de selección como formando niños y nuevos jugadores.
-¿Cómo es tu vida día a día?
-Bastante intensa, ja, ja. Paso gran parte del día en una cancha de pádel. Entreno jugadores de distintos niveles, trabajo con niños, jugadores competitivos y profesionales, preparo sesiones y también estoy involucrado en la gestión del club.
Lo entretenido es que ningún día es exactamente igual, porque cada jugador necesita algo diferente. Y cuando termino intento pasar todo el tiempo que puedo con mi familia, aunque con mi hija pequeña no siempre logro salir de la cancha, ja, ja. Ella entrena conmigo en la escuela de niños y también le tira mucho el pádel, así que muchas veces mi tiempo en familia termina siendo nuevamente dentro de una cancha.
-¿Cómo lograste entrenar a los mejores?
-Creo que es algo que se ha ido construyendo durante muchos años y, en gran parte, ha sido por recomendaciones entre los propios jugadores. Entrenaba a un jugador, después otro llegaba diciéndome que venía recomendado por él, y así se fue pasando la voz. Para mí eso tiene un valor especial, porque la recomendación viene de alguien que ya conoce mi trabajo y siente que le ha aportado.
Así he tenido la oportunidad de trabajar en Estados Unidos con jugadores de muy alto nivel como Clementina Riobueno, Brittany Dubins, Juan Manuel “Guga” Vázquez y Pedro Alonso Martínez, jugadores que se han mantenido en los primeros lugares del ranking estadounidense de pádel.
Cuando trabajas con jugadores de ese nivel no se trata simplemente de enseñarles a jugar pádel, porque ellos ya son grandes jugadores. El desafío está en identificar detalles técnicos, tácticos o mentales que puedan ayudarlos a seguir evolucionando y encontrar herramientas que después puedan marcar una diferencia en competencia.
Para mí, que jugadores de ese nivel confíen en mi trabajo es también una responsabilidad muy grande. Esa confianza se construye con el tiempo, con trabajo y, sobre todo, con resultados y con lo que el propio jugador siente que puedes aportarle.

-¿Por qué crees que a tus pupilos les ha ido bien? Desde tu rol, ¿qué les entregas a tus dirigidos?
-Primero, porque el mérito principal siempre es de ellos. Un jugador que llega a ese nivel tiene talento, disciplina y una capacidad enorme de trabajo. Yo intento conocer mucho al jugador. No creo en imponer el mismo sistema a todos, porque cada jugador es diferente y necesita cosas distintas. Hay que saber reconocer qué necesita cada uno y en qué momento lo necesita.
Creo que ahí me ayuda mucho haber vivido el pádel desde distintos ámbitos. Hoy hay muchísimos entrenadores, pero creo que somos pocos los que hemos tenido la oportunidad de vivir el deporte desde tantas perspectivas. Durante muchos años fui jugador y entrenador al mismo tiempo, entonces puedo observar lo que pasa desde afuera con los ojos del entrenador, pero también entiendo lo que está viviendo el jugador dentro de la cancha.
Y no hablo solamente de lo técnico o lo táctico. También está todo el proceso psicológico que vive un jugador durante un partido: cuándo aparece la presión, cuándo empieza a perder confianza, cuándo es crítico mantener la mente fuerte o cómo recuperarse después de un momento malo.
Esa experiencia me permite identificar qué necesita cada jugador en particular. A uno quizás tienes que darle una herramienta técnica, otro necesita entender mejor una situación táctica y otro necesita recuperar la confianza en un momento determinado. Creo que mi principal aporte es poder reconocer esas necesidades y adaptar mi trabajo al jugador, en vez de intentar adaptar al jugador a mi forma de trabajar.
-¿Cuáles son tus nuevos desafíos en el horizonte?
-Quiero seguir aportando al desarrollo del pádel en Estados Unidos, especialmente en la formación de jugadores y de nuevas generaciones, y continuar trabajando con jugadores de alto rendimiento.
También me interesa poder compartir esa experiencia fuera de Estados Unidos. No es algo completamente nuevo para mí: en 2015 tuve la oportunidad de trabajar en Panamá, aportando al crecimiento del deporte y a la formación tanto de jugadores como de entrenadores. Y recientemente fui invitado a República Dominicana, donde pude compartir metodologías de entrenamiento orientadas al alto rendimiento.
Después de tantos años, mi desafío no es solamente seguir formando buenos jugadores. También me interesa aportar al crecimiento del deporte, compartir la experiencia que he acumulado y ayudar a que quienes vienen detrás encuentren estructuras cada vez más profesionales.
-También hay mucho prejuicio y burla con el pádel. ¿Cuál es tu opinión sobre eso y qué les dirías a quienes miran en menos este deporte?
.Sí, conozco todas esas bromas, ja, ja. En Chile al pádel le han puesto de todo: que es de cuicos, que es moda, hasta las bromas sobre la masculinidad de los hombres que juegan. Pero creo que también hay que entender el humor chileno. Nosotros tenemos una forma muy particular de reírnos de todo y, especialmente, de nosotros mismos. A mí me encanta ese humor y no creo que haya muchos padelistas chilenos realmente ofendidos por esas bromas; la mayoría nos reímos también. Y lo más entretenido es que muchos de los que alguna vez molestaron con el pádel después terminan entrando a una cancha.
Respecto a que sea elitista, creo que eso también ha ido cambiando. Cuando un deporte está comenzando y hay pocas canchas, el acceso puede ser más limitado, pero a medida que crece aparecen más clubes, más jugadores y más ofertas. Yo llevo prácticamente toda mi vida en el pádel y me parece increíble ver cómo pasó de ser un deporte del que algunos se burlaban a convertirse en un fenómeno mundial que llegó para quedarse.
Así que a los que todavía lo miran en menos les diría algo muy simple: entren a una cancha, jueguen un partido y después conversamos.





