Eran las ocho de la mañana del 19 de febrero de 2026 cuando al menos seis vehículos policiales llegaron a una de las propiedades de la residencia real de Sandringham, en Norfolk. El dispositivo tenía como objetivo detener a Andrés Mountbatten-Windsor, justo el día de su 66º cumpleaños, y realizar registros tanto en su vivienda temporal como en Royal Lodge, la que había sido su residencia durante las tres últimas décadas hasta que su hermano, el rey Carlos III, le obligó a mudarse por sus vínculos cada vez más evidentes con el fallecido pederasta Jeffrey Epstein —en octubre de 2025, el monarca ya le había despojado de todos sus títulos—. Ocho meses después de su arresto, que acabó con su foto saliendo de la comisaría de Norfolk publicada en medios de todo el mundo, el expríncipe ha iniciado los trámites legales para llevar a la policía del Valle del Támesis, a las afueras de Londres, ante los tribunales para impugnar dicha detención.

Seguir leyendo