Esta mañana, la Academia Sueca anunció que el Premio Nobel de Literatura 2026 recayó en la destacada poeta canadiense Anne Carson (76). Sucede como ganador al húngaro László Krasznahorkai, novelista que lo obtuvo en 2025. La Academia le otorgó el galardón “por su audaz y inventiva obra que, en juguetón diálogo con la tradición clásica, ha creado nuevas formas para la literatura contemporánea”.

Anne Carson recibirá un diploma del Premio Nobel -especialmente hecho a mano-, una medalla hecha con oro reciclado de 18 kilates y un monto de 11 millones de coronas suecas (unos 987 millones de pesos chilenos). La ceremonia de entrega se realizará el próximo 10 de diciembre, en el aniversario de la muerte de Alfred Nobel.

El proceso para la selección de Anne Carson como ganadora del premio comenzó en septiembre del 2025 con la invitación de la Academia Sueca a organizaciones, academias y personalidades “calificadas” a proponer nombres.

De ahí adelante se inicia el proceso. Con las propuestas de nombres, se elaboró un primer listado con las postulaciones de todas partes del mundo arribadas hasta el deadline del 31 de enero. Esta nómina de 220 candidatos fue la que pasó el primer filtro de la Academia Sueca.

Luego, en abril se confeccionó la lista preliminar entre 15 y 20 seleccionados, y en mayo se dejó una “short list” (lista corta) de cinco candidatos, seleccionados por el Comité y que somete a la discusión y debate de la Academia.

Una eterna candidata

Desde hacía varios años que la canadiense sonaba en las casas de apuestas como una de las principales candidatas. Solo este año la casa Coinbase la situaba en segundo lugar, con un 14%, también la casa de apuestas Kalshi la puso en el segundo lugar del podio, con 14%.

Con este premio, el galardón vuelve a premiar a la poesía, desde la poeta estadounidense Louise Glück, en 2020, y es el segundo que se entrega a Canadá, desde que fuese premiada Alice Munro, en 2013. Esto confirma la tendencia de los últimos años en que el reconocimiento está cayendo en países que, o no habían sido premiados, o que no tenían tantos Premio Nobel de Literatura.

Nacida en Toronto, el 21 de junio de 1950, es poeta y traductora. Es quizás el nombre vivo más relevante de la poesía. En 2020 fue galardonada con el Premio Princesa de Asturias de las Letras.

Fue en su juventud cuando descubrió a la poeta griega Safo, lo cual desde entonces marcó su vocación literaria a fuego. ““Yo era una adolescente desafecta necesitada de estímulos. La visión de las dos páginas yuxtapuestas, una de ellas un texto impenetrable pero de gran belleza visual, me cautivó y me compré el libro. Al año siguiente destinaron a mi padre a otra ciudad igual de aburrida, pero lo que me salvó fue que en el instituto había una profesora de latín, una mujer excéntrica, que cuando supo de mi interés por aprender griego se ofreció a darme clases a la hora del almuerzo. Se llamaba Alice Cowan y le debo mi carrera y mi felicidad”, dijo años después.

Ese bichito del mundo heleno jamás se le fue. Por ello, ingresó a la Universidad de Toronto, donde sacó su Bachelor of Arts y maestría en lenguas clásicas. Posteriormente cursó un doctorado en la Universidad de St Andrews, Escocia. Para esto último, hizo su tesis justamente sobre Safo.

“Es un idioma diferente a los demás, mejor. Es como si alguien te pusiera en las manos una lengua que sólo tuviera una hora de vida, un ser vivo todavía cubierto de rocío”, dijo a El País. Además, como confesó en una charla con la revista canadiense Brick Magazine, de 2014, que una de las cosas que más disfruta hacer en la vida es traducir.

“La actividad mental de estar dentro de una traducción es algo que simplemente amo. Es como hacer un crucigrama interminable pero con un producto valioso. Y ese modo mental de rompecabezas es simplemente lo mejor”.

Carson ha hecho el trabajo de traducir obras clásicas directamente desde el griego antiguo al inglés. De esta forma, en 2012 tradujo la obra de teatro Antígona, de Sófocles, fechada hacia el 441 AC. En Tebas, el rey Creonte ha ordenado que dos hermanos que acaban de morir tengan un destino particular: uno, enterrado con honores; y el otro debe ser deshonrado y su cadáver arrojado a la intemperie, sin más. Quien le de sepultura será condenado a muerte. Una mujer, hermana de ambos, Antígona -hija de Edipo- se rebela contra este decreto y arriesgando el pellejo procede a enterrar al difunto.

Tanto Antígona (a la que le dio un giro titulándola Antigo-Nick) y su versión del Bakkhai, de Eurípides, han sido traducidas y publicadas en Chile (por la casa independiente La Pollera).

En cuanto a su lado como poeta, sin dudas su obra mayor es el extraordinario poemario La belleza del marido. Publicado en 2001 (y dedicado al poeta inglés John Keats), le significó ser la primera mujer en recibir prestigioso Premio T.S. Eliot de poesía de Inglaterra. Es un cantar a la vida conyugal con un preciosismo y delicadeza que conmueven.

“Sabes que estuve casada años atrás y que cuando se fue / mi marido se llevó mis cuadernos”.

Keats, es uno de sus poetas favoritos, y el título juega con uno de sus versos más célebres: “La belleza es verdad, la verdad belleza”, así lo explicó ella misma en una entrevista de 2003 de Canadian Literature.

“Me gusta la frase sobre la belleza como verdad, pero le llega al oído a un oyente moderno con un golpe sordo porque la hemos oído tantas veces. No creo que se pueda reflexionar sobre algo que se ha oído tantas veces, a menos que se presente desde un ángulo equivocado. Y leer muchos pasajes de Keats malos te da otro ángulo. Pero son malos de una manera interesante; creo que cuando tomas un texto malo y extraes una parte de él —ninguno de ellos es un pasaje completo— esa pequeña parte me parece brillante de una manera que provoca la reflexión. Y cuando sabes que es Keats, estás dispuesto a respetarlo lo suficiente como para pensar en qué consiste ese brillo. Si fuera solo otro tipo del entorno de Keats escribiendo así de mal, probablemente no le prestarías atención. Así que quise usar algún tipo de mecanismo de atracción tradicional, pero no bello en el sentido convencional, que pasara desapercibido por ser demasiado común o conocido, y que a la vez fuera una especie de monumento cultural. Quería que hubiera un toque de pretensión a lo largo de la obra para socavar todo el proyecto de intentar describir la belleza”.