Al mediodía de este lunes 12 de octubre, el cardenal Carlos Aguiar Retes, arzobispo primado de México, abrirá la puerta santa de la Insigne y Nacional Basílica de Santa María de Guadalupe.

Con ese acto comenzará el Año Jubilar Guadalupano, concedido por el papa León XIV al pueblo de México para perdonar faltas, renovar la fe y realizar obras de misericordia.

Esta no es una fecha más. Ese mismo día se cumplen 50 años de que la tilma con la imagen de la Virgen de Guadalupe llegó a su nueva casa, la Basílica que hoy recibe a millones de peregrinos de todo el mundo, así como medio siglo de que el recinto fue dedicado a Santa María de Guadalupe.

A ello se suman los 131 años de la coronación pontificia de la Virgen Morena, concretada en pleno Porfiriato. Cuatro motivos de fiesta en una sola jornada.

Después de la apertura de la puerta santa habrá una Misa de las Rosas para recordar el momento en que san Juan Diego presentó su tilma al primer obispo de México, fray Juan de Zumárraga, el 12 de diciembre de 1531, tras cuatro apariciones a él y una más a su tío, Juan Bernardino.

Desde esa fecha y hasta el 12 de octubre de 2027, la fe católica establece que quienes lo deseen podrán alcanzar la indulgencia plenaria y reconciliarse consigo mismos y con los demás, siempre que cumplan ciertos requisitos: acudir a la Basílica, atravesar la puerta santa, participar en un acto litúrgico, orar, confesarse, comulgar, rezar el Credo y orar por las intenciones del Papa.

Casa nueva

La imagen original permaneció 267 años en la antigua Basílica (de 1709 a 1976), hoy dedicada a Cristo Rey.

El hundimiento acelerado del subsuelo ponía en riesgo la estructura, y la devoción creció tanto que las peregrinaciones masivas ya no cabían. Hacía falta, además, un templo desde el cual toda la gente pudiera ver la imagen.

La primera piedra de la nueva Basílica se colocó el 12 de diciembre de 1974. El santuario, diseñado por el arquitecto Pedro Ramírez Vázquez con fray Gabriel Chávez de la Mora, se construyó en 22 meses y puede albergar a alrededor de 30 mil personas. Su techo semeja el manto de la Virgen y, desde cualquier lugar del templo, se ve la imagen de la Morenita del Tepeyac.

Antes, el 12 de octubre de 1895, por autorización del papa León XIII, más de 10 mil personas se reunieron en la antigua basílica para la coronación pontificia, un reconocimiento de la Santa Sede a la devoción profunda, la labor evangelizadora y la fuerza de la advocación en la comunidad.

Más que una fecha

Para el doctor en ciencias sociales Felipe Gaytán Alcalá, académico de la Universidad La Salle, el jubileo se puede leer en tres planos.

En el político, es un llamado a “apelar a una conciliación” en medio de la confrontación, la violencia y la conmemoración de la guerra cristera.

La lectura política tiene que ver con esta cuestión de apelar a una conciliación en esta radicalidad política que tiene que ver con la confrontación donde la propia iglesia se ha visto inmersa, con el tema de la violencia y también con la conmemoración de la guerra cristera".

En el social, es reconocerse en símbolos que unen. En el cultural, es el símbolo del mestizaje: Guadalupe, dijo, plantea un mensaje contra el racismo y el clasismo, más allá de que se crea o no en las apariciones.

Guadalupe implica que independientemente de que seas blanco o afro, eres mestizo y culturalmente es un poderoso mensaje, no de la iglesia; en términos simbólicos culturales este mestizaje tiene que ver con esta cuestión de ir contra el racismo y contra el clasismo".

Rumbo a 2031

El año jubilar forma parte de las celebraciones que precederán los 500 años de las apariciones en el Tepeyac, que se cumplirán el 12 de diciembre de 2031.

En esa conmemoración se espera la presencia de León XIV: los obispos mexicanos lo invitaron hace meses.

Para religiosos y laicos, que el Papa concediera el Jubileo es una señal de que desea estar presente.

Gaytán Alcalá añadió que el año jubilar también ayudaría a preparar la eventual visita del pontífice y a conciliar conflictos internos de la Iglesia.

Recordó que el cardenal Pietro Parolin acudió a la Basílica no sólo a rezar, sino a atender asuntos administrativos y políticos.

Todos los papas desde Juan Pablo II visitan santuarios marianos, apuntó, y la Basílica sería un espacio privilegiado para un mensaje sobre los conflictos del mundo.

El sacerdote Francisco de Asís de la Rosa Patrón, secretario ejecutivo de la comisión episcopal para la pastoral social, coincidió en que el año servirá para preparar una posible visita, pero pidió que no se quede “en el marketing”.

Hay que aprovechar para preparar la visita del Papa, para que no sea solamente una visita que pudiera quedarse en el marketing, sino que fortalezca la fe de la iglesia católica y el compromiso de la iglesia
en construir la unidad en nuestro pueblo".

A su juicio, el Papa concede el tiempo especial no sólo por los 500 años, sino por lo que puede significar para el bien de México: fortalecer la fe y construir una sociedad más humana y justa.

Recordó que la “casita sagrada” que pidió la Virgen no se refería únicamente a un templo, sino a una invitación a construir una “casa común”, donde todos, pese a sus diferencias, se protejan unos a otros.