Aremi Fuentes encontró su vocación casi desde el primer instante en que tuvo una barra y unas pesas frente a ella. Tras probar suerte en el atletismo, la chiapaneca descubrió que la halterofilia era el escenario ideal para perseguir sus sueños. Sin embargo, el camino no comenzó entre aplausos, sino rodeado de dudas, prejuicios y creencias que generaron incertidumbre incluso dentro de su propia familia.
Los temores sobre los supuestos efectos de este deporte pusieron a prueba su determinación, pero la respuesta llegó de inmediato. Con disciplina, resultados y una rápida cosecha de triunfos en categorías juveniles, Fuentes fue derribando cada uno de los obstáculos.
“Mi sueño siempre fue estar en un podio. Los problemas llegaron cuando mis padres investigaron un poco más sobre este deporte y escucharon muchos tabúes: Que me iba a quedar chaparrita, que se me iba a deformar el cuerpo. Me costó mucho trabajo convencerlos para practicarlo, pero insistí y me dieron la autorización. A los seis meses, ya estaba ganando competencias y —al año— representando a México”, compartió.
Aremi recomendó a los jóvenes que sueñan con trascender en el deporte no dejarse influenciar por los comentarios negativos.
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