Sergio Pérez sabía que el Gran Premio de Bahréin en Malasia sería complicado sin usar el motor ADUO 2 de Ferrari, pero el ritmo más lento que su compañero Valtteri Bottas y estar apenas por delante de Franco Colapinto, quien estaba en la parte final por un inusual plan de trabajo de Alpine, encendieron un poco las alarmas en Cadillac.
A diferencia del arranque en el primer entrenamiento libre, donde la brecha respecto a su coequipero Valtteri Bottas fue de apenas 20 milésimas, en la segunda práctica quedó a más de siete décimas. El resultado tenía dos explicaciones, la primera de ellas un problema que ha aquejado a todos los pilotos, el abrasivo asfalto de Sepang que no se ha ocupado en la Fórmula 1 desde el 2017.
"Es como si Pirelli hubiera hecho el asfalto. Es increíble... creo que va a ser una carrera muy interesante, con mucha degradación y muchas paradas", dijo Checo Pérez al finalizar la sesión del viernes.
Tanto el mexicano como el resto de competidores de la parrilla han experimentado un complicado viernes con un suelo que algunos han calificado como una “lija” sobre la gama de Pirelli. La firma de Milán ha traído los compuestos de la zona media justo considerando el alto desgaste.
A esto, se suma una búsqueda especial de Cadillac quienes decidieron hacer una modificación en el balance del coche.
"Probamos algo muy radical de nuestro lado para intentar controlar la degradación de los neumáticos, pero básicamente nos salió mal y ahora simplemente tenemos que volver atrás e intentar encontrar un mejor compromiso", reconoció Pérez quien ahora debe enfocar su trabajo a la tercera práctica del sábado.
Sin embargo, incluso con este paso en retroceso, Checo Pérez no espera que Cadillac sea competitivo dado que la ausencia de la unidad de potencia actualizada cobra una alta factura, especialmente en el sector 3.




