Las bacterias resistentes a los antibióticos pueden complicar la recuperación de una cirugía y aumentar los riesgos durante un tratamiento contra el cáncer, según comentó Kenneth Bradley, jefe global de Descubrimiento de Enfermedades Infecciosas Roche durante el Roche Press Day celebrado en Costa Rica.
Su avance amenaza una protección que suele pasar inadvertida: la capacidad de controlar las infecciones mientras el cuerpo atraviesa una intervención o tiene sus defensas debilitadas.
Cuando te hacen una operación no todo termina ahí, también necesitarás medidas para prevenir infecciones y medicamentos eficaces cuando estas aparecen. Es por esto, que la Organización Mundial de la Salud (OMS) advierte que, sin antibióticos efectivos, procedimientos como las cirugías y la quimioterapia se vuelven más riesgosos.
“Si no contamos con antibióticos que salvan vidas, todo el sistema está en riesgo”, señala Kenneth Bradley, durante el Roche Press Day.
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¿Cómo puede una bacteria complicar una cirugía?
Las bacterias pueden ingresar a través de la incisión realizada durante una operación y provocar una infección del sitio quirúrgico. Para reducir ese riesgo, determinados procedimientos requieren administrar antibióticos preventivos antes de la intervención, además de las medidas de higiene y seguridad del equipo médico.
La resistencia dificulta esa protección cuando el microorganismo no responde al antibiótico utilizado. También puede limitar las opciones para tratar una infección que ya se estableció, haciendo necesario recurrir a otros medicamentos y realizar estudios para orientar su elección.
El resultado puede ser una recuperación más complicada, una estancia hospitalaria prolongada o una mayor necesidad de cuidados intensivos. La OMS identifica estas consecuencias entre los efectos de la resistencia sobre los pacientes y los sistemas de salud.
¿Por qué importa durante el tratamiento del cáncer?
Algunos tipos de cáncer y tratamientos como la quimioterapia pueden disminuir los glóbulos blancos que ayudan a combatir infecciones. Entre ellos están los neutrófilos: cuando su cantidad cae por debajo de lo normal, se produce una condición llamada neutropenia.
Durante ciertos momentos del ciclo de quimioterapia, esa reducción vuelve al paciente más vulnerable. Por eso, el equipo oncológico vigila los resultados de los análisis de sangre y, según el caso, indica medicamentos para prevenir infecciones o favorecer la recuperación de estas células.
Una infección bacteriana resistente añade dificultad a ese escenario: el organismo puede tener menos recursos para defenderse y el medicamento elegido puede resultar ineficaz. Contar con antibióticos útiles forma parte de las condiciones que permiten administrar tratamientos oncológicos con mayor seguridad.
Las bacterias se vuelven resistentes, ¿qué significa?
La resistencia aparece cuando las bacterias desarrollan o adquieren características que les permiten sobrevivir a medicamentos que antes las eliminaban o frenaban su crecimiento. El uso inadecuado y excesivo de estos fármacos favorece que se vuelvan resistentes.
Una infección resistente puede dejar menos alternativas de tratamiento, aunque eso no significa que todos los antibióticos hayan dejado de funcionar. La dificultad depende de la bacteria, de los medicamentos a los que sea resistente y de las opciones disponibles para atender al paciente.
La dimensión del problema ya es medible. Un estudio publicado en The Lancet en 2024 estimó que la resistencia bacteriana fue responsable de mil 140 millones de muertes en 2021 y estuvo asociada con 4 mil 710 millones de fallecimientos en ese mismo año.
Es decir, las muertes atribuibles estiman el efecto adicional de la resistencia frente a una infección susceptible al tratamiento; las asociadas consideran la carga de las infecciones resistentes frente a un escenario sin esas infecciones. No deben sumarse.
El mismo análisis proyectó que las muertes atribuibles podrían alcanzar mil 910 millones anuales en 2050. Se trata de una estimación sobre la trayectoria del problema, cuyo impacto puede cambiar mediante prevención, mejores tratamientos y acceso oportuno a la atención.
¿Cómo se buscan antibióticos que vuelvan a funcionar?
La búsqueda requiere encontrar maneras de atacar a las bacterias que permitan superar sus mecanismos de resistencia. Bradley describe el uso de automatización e inteligencia artificial para explorar grandes cantidades de moléculas y seleccionar candidatas para pruebas de laboratorio.
El proceso combina predicciones y experimentos: los modelos proponen compuestos, los investigadores comprueban su actividad y los resultados alimentan nuevas búsquedas.
Durante su conferencia, Kenneth Bradley planteó esta colaboración como una herramienta para ampliar la exploración de posibles antibióticos; una predicción computacional todavía necesita validación experimental y clínica.
Proteger los antibióticos también protege otros tratamientos
La OMS señala que también hacen falta acceso a diagnósticos, vacunas y tratamientos adecuados: evitar infecciones y reconocer qué las causa permite tomar mejores decisiones sobre su atención.
En el quirófano, esto implica prevenir infecciones y utilizar correctamente la profilaxis, es decir prevenir. Durante el tratamiento del cáncer, por ejemplo, supone vigilar las defensas y atender oportunamente los signos de infección.
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