Durante décadas, la jubilación se ha entendido como el cierre de una etapa. Termina la vida laboral, cambian las rutinas y, para muchas personas, aparece una pregunta difícil de responder: ¿y ahora qué?

A partir de esta inquietud, Francisca Nazer, terapeuta ocupacional y magíster en Envejecimiento y Calidad de Vida, y Viviana Massobrio, profesora en Ciencias de la Educación y magíster en Educación a Distancia, escribieron Propósito Mayor: vivir con sentido después de los 60 años. En el libro, ambas proponen una mirada que se aleja de la vejez entendida únicamente desde las pérdidas y las limitaciones. A través de reflexiones y preguntas de autoconocimiento, invitan a explorar qué nos mueve, qué deseos han quedado pendientes y cómo encontrar nuevas formas de participar y contribuir en la sociedad, sin que el propósito esté necesariamente ligado a la productividad o los ingresos.

Esta mirada se vincula con un concepto que se ha puesto de moda: la nueva longevidad. Parte de una realidad, y es que las personas no solo estamos viviendo más años, sino que también envejecemos en mejores condiciones que generaciones anteriores. Desde ahí, propone mirar la vejez como una etapa activa, con propósito y autonomía, dejando de lado la idea de que se trata de un período de declive.

“Antes no se consideraba que una persona mayor jubilada se pusiera a estudiar, había un término, un corte, se acababa la vida. Ahora uno puede estudiar, seguir estando vigente”, dice Massobrio. Para ella, este cambio también supone ampliar la mirada más allá de los proyectos individuales: “La nueva longevidad es para mí un campo abierto de desafíos, de espacios para realizar y sobre todo de pensar en comunidad”.

Para Nazer, esas posibilidades también dependen de cómo miramos a las personas mayores: “Estos cambios de paradigma son desafíos que tenemos que asumir desde una visión positiva de lo que significa ser persona mayor”.

—¿Estamos preparados como sociedad para vivir más años?

Viviana Massobrio: Chile es el país más envejecido de Latinoamérica. Si el desafío está en todos los países del mundo, acá se intensifica. Y la respuesta no es solo asistencialismo, no es solo contención. Hace falta espacio para encontrarnos.

Francisca Nazer: Hay desafíos a nivel de política pública y en cómo estamos mirando a las personas mayores. Si vemos oportunidades de estudio, trabajo, participación y voluntariado, pero la sociedad sigue mirando la vejez desde el declive, la enfermedad y lo negativo, difícilmente esas oportunidades se pueden dar. Además de las políticas públicas, necesitamos una mirada sobre el envejecimiento que se construya desde las primeras etapas de la vida. Eso incluye cómo se muestra a las personas mayores en los medios de comunicación y qué espacios tienen para participar, involucrarse y opinar.

—¿Cómo podemos cambiar esa mirada sobre la vejez?

Francisca Nazer: Parte desde la educación en etapas tempranas, incluso desde las relaciones entre las familias con personas mayores, y en términos de sociedad de lo que se habla con respecto a ser mayor. Si yo lo veo como una etapa más de la vida, porque todos vamos a ser mayores en algún momento, es distinto a que si yo evito esa etapa o no quiero envejecer, cuando en realidad es parte de un proceso natural que todos vamos a vivir. Entonces, cuando uno empieza a cambiar ese discurso y cómo uno habla e interactúa, hace un cambio de paradigma que no es solamente que participen.

Viviana Massobrio: Ahí cabe justo la frase “el lenguaje construye realidades”. Uno de los aspectos importantes es erradicar el edadismo desde todas las formas de presentación de las personas mayores. Si las personas jóvenes están todo el tiempo bombardeadas con mensajes de deterioro, se van a construir una imagen deteriorada de la persona mayor.

VIVIANA MASSOBRIO-FRANCISCA NAZER
FOTO: PEDRO RODRIGUEZ

La importancia de vivir con propósito

—En el libro hablan del propósito como algo que no debería desaparecer después de los 60 años. ¿Por qué es tan importante seguir teniendo un sentido que nos movilice?

Francisca Nazer: Siempre es bueno tener un motivo, algo que nos movilice a levantarnos cada día. A lo largo de la vida se tienen ciertas estructuras por los estudios, trabajo o hitos que se espera que se cumplan, pero no estamos en una sociedad que prepare el proceso de jubilación. Ahí hay un declive importante desde lo emocional porque llega la pregunta “¿y qué hago ahora?”. Desde ahí nace la propuesta del libro: que la persona se reencuentre consigo misma, porque yo puedo haber trabajado muchos años en un rubro, pero no era necesariamente lo que a mí me apasionaba.

Viviana Massobrio: Es que el propósito nos permite algo que tal vez antes no podía darse, que es la elección, decidir qué quiero hacer. En muchos casos, terminamos estudiando lo que no queríamos porque la familia ponía una pauta. Ahora uno puede elegir y abrazar una tarea que te hace bien y que le da sentido a la vida.

—Muchas veces asociamos el propósito con el trabajo, la productividad o la crianza. ¿Cómo podemos ampliar esa definición de propósito en la adultez mayor?

Viviana Massobrio: En el minuto que uno se jubila, la pregunta es “¿ahora qué hago?”, porque se acabaron las rutinas, los hábitos y muchas veces se diluye hasta el rol familiar de ser proveedor. Pero justamente en ese mirar hacia adelante se abren muchas posibilidades. Es un camino zigzagueante, con idas y vueltas, pero tengo que saber buscar. El propósito no es sinónimo de emprendimiento: si bien genera acciones productivas para uno mismo y para el entorno, en algunos casos no va a producir ingresos. Yo creo que esta es una etapa de libertad.

Francisca Nazer: Es importante no plantearlo como un propósito lejano, sino como algo que motive. Cuando una persona está motivada, aparte de sentirse muy bien, puede interactuar con otro, y eso impacta en términos de salud mental. Si yo me siento bien y siento que voy a contribuir, es una ayuda cognitiva, social y física porque la persona se sigue manteniendo activa.

—Existe una idea bastante instalada de que después de cierta edad hay que bajar el ritmo. ¿Cuánto hay de prejuicio edadista en esa mirada?

Francisca Nazer: Muchísimo, entre prejuicio, estereotipo y discriminación.

Viviana Massobrio: También se vincula con el autoedadismo, con esa mirada que uno mismo se dirige y que es desvalorizante. Hay que atreverse, sin sobreexigencia, pero siempre intentando hacer algo. Los límites aparecen, no se pueden negar, son parte del envejecimiento y del deterioro, pero en la medida en que estés activo y vigente, te sientes mejor y eso no tiene precio.

—¿Qué responsabilidad tienen las familias y el entorno en potenciar la autonomía de las personas mayores?

Viviana Massobrio: Hay una clave que es escuchar, empatizar y observar. Yo creo que un hijo, una hija o una familia deben dar toda la libertad posible sin que la persona se ponga en riesgo. La familia puede ser limitante o puede ser estimulante.

Francisca Nazer: Dar las posibilidades, porque yo le puedo proponer muchas cosas a la persona, pero quien decide debe ser ella. Si no quiere, yo tampoco puedo obligarla. Es importante tener presente la autonomía y la capacidad de decisión, pero también la independencia: ¿qué es lo que la persona puede hacer? Cuando eso no ocurre, se generan actitudes de infantilizar, de sobreasistir o incluso de asistencialismo total. Yo tengo que ir observando qué tanto puede hacer y, en la medida en que lo necesite, se va brindando apoyo. Permitir que decida y haga acciones por sí sola tiene que ver con que yo vea a la persona como un sujeto de derechos y no como un objeto.

—Ustedes plantean una mirada que también es preventiva. ¿Qué deberíamos empezar a hacer antes de los 60 para llegar a esta etapa con más herramientas, redes y proyectos?

Viviana Massobrio: Cuidar la salud es lo primero, es la base de todo. Jubilarse no es poner el cerebro en pausa; al contrario, cuanto más lo estimulamos, mejor funciona. Para las nuevas generaciones es maravilloso saber que esto va a pasar y poder prevenir, llegar sano y físicamente con ganas, con objetivos, con búsquedas, y continuar haciendo algo que nos provoque.

Francisca Nazer: La neuroplasticidad del cerebro permite que una persona pueda aprender hasta el último día de su vida. Entonces, bajo esa perspectiva, cambia por completo el panorama.

—¿Qué les dirían a quienes sienten que ya es demasiado tarde para comenzar con un nuevo propósito?

Francisca Nazer: Yo les diría que nunca es tarde, que si sabemos que hoy en día la expectativa de vida va en aumento, con mayor razón hay que atreverse. Las posibilidades son infinitas, pero siempre que sea lo que la persona quiere, lo que la motiva.

Viviana Massobrio: Hay algo importante que es el diálogo interior: hablar conmigo mismo, estimularme y promover la autoconfianza, porque muchas veces esta afirmación surge de la pérdida de confianza en sí mismo o de creer que la meta tiene que ser magnífica, enorme. Y no, la meta puede ser algo simple.