
Sentada en su despacho, Isabel Díaz puede ver sin que nadie le estorbe las asambleas que se celebran en Sol y escuchar con nitidez los cánticos en su contra. Sus asesores se asoman a cada rato por los balcones y se alarman tanto como su jefa. Cuando los trabajadores de la Comunidad de Madrid se cruzan en los pasillos se quejan de los grafitis y del mal gusto de que le coloquen pancartas al Oso que se apoya en el madroño. “Estos comunistas...”, decía el otro día un consejero refiriéndose a los jóvenes que han acampado en el corazón de Madrid por la crisis de la vivienda. Ayuso, sin embargo, sospecha que esconden un plan mucho más elaborado y menos noble. Después de varios días de reflexión, ha llegado a la conclusión de que tras las protestas hay un complot de la izquierda para perpetuar en el poder al actual presidente, Pedro Sánchez, al que se ha referido como Nerón.




