Hace algunas semanas, cuando la popularidad del Presidente José Antonio Kast comenzó a descender, en La Moneda repetían una frase como un mantra: mientras la aprobación no bajara del 30%, no había mayores motivos para preocuparse. Si cruzaba esa barrera, en cambio, el escenario sería distinto.

Ese umbral ya quedó atrás. La última encuesta Criteria situó la aprobación del Mandatario en un 27%, mientras que un 82% de los consultados afirmó que el gobierno está por debajo de sus expectativas. Un resultado que, más allá de las prevenciones que históricamente ha expresado el Ejecutivo frente a los sondeos de opinión, instaló una inquietud en el oficialismo: la posibilidad de que la administración comience a perder el respaldo de su electorado más fiel.

La relación de Kast con la popularidad con la que llegó a La Moneda no ha sido sencilla. El Presidente no tuvo una luna de miel convencional, luego de que su gobierno optara por traspasar a los consumidores el costo del alza de las bencinas. Una decisión que marcó el inicio de su administración y que dificultó la instalación de un clima favorable.

A mediados de agosto, la presentación del Plan Cancerbero, en cambio, le permitió recuperar terreno. El traslado de reos de alta peligrosidad tuvo un impacto mediático y le dio un impulso a su imagen, aunque ese efecto no logró sostenerse en el tiempo. Ahora, con la aprobación bajo el 30%, la preocupación que comienza a abrirse paso en el sector apunta a una pregunta más de fondo: si el gobierno está perdiendo a quienes constituyeron su principal sostén electoral.

En el oficialismo hay quienes sitúan ese respaldo más cerca del 23% que apoyó a Kast en primera vuelta. La inquietud es que incluso ese núcleo, que debiera constituir la base más estable de apoyo al Presidente, comience a resentir la distancia entre las expectativas que generó su llegada al poder y los resultados que ha mostrado hasta ahora.

En el Partido Republicano, una de las discusiones que se cruza con ese diagnóstico es la de los indultos. En la colectividad han respaldado la posibilidad de que el gobierno avance en esa materia, en particular respecto de carabineros condenados por hechos vinculados al estallido social. Una discusión que también tiene una dimensión política: el contraste con el gobierno de Gabriel Boric, que indultó a condenados por delitos cometidos durante ese período.

La muerte del exintegrante del Movimiento Juvenil Lautaro Juan Aliste Vega, condenado por el homicidio del cabo de Carabineros Luis Moyano y quien padecía un cáncer terminal, volvió a poner el tema sobre la mesa. Durante la última semana, desde el Partido Republicano hubo voces que respaldaron su indulto por razones humanitarias, en una señal que también fue leída como un llamado a que el Ejecutivo considere medidas para casos de condenados por violaciones a los derechos humanos en dictadura.

En esa lectura, los republicanos también han encontrado desde la propia oposición. La exministra del Interior Carolina Tohá (PPD) planteó la necesidad de mejorar los mecanismos institucionales que permiten que personas condenadas en estado terminal puedan pasar sus últimos días junto a sus familias, sin depender de un indulto presidencial.

A propósito del caso de Aliste Vega, sostuvo en el podcast Al Pan Pan, de El Mostrador, que el exlautarista debió haber podido regresar a su casa en sus últimas horas. También extendió su planteamiento a condenados por violaciones a los derechos humanos que se encuentren agonizando, y llamó a revisar por qué los mecanismos existentes no funcionaron oportunamente.

Una postura que, incluso, amplía el alcance de la discusión sobre criterios humanitarios en el cumplimiento de penas y que cruza una de las materias más sensibles para la derecha al incluir en la discusión no solamente a los condenados en el período del estallido, sino que también a condenados por crímenes de lesa humanidad.

En una columna publicada en Biobío, el senador socialista Fidel Espinoza también defendió la posibilidad de aplicar criterios humanitarios a condenados en fase terminal, bajo condiciones médicas rigurosas y cuestionó que la discusión quedara atrapada en la disputa política. El diputado republicano Felipe Ross la calificó como “imperdible columna del senador, huérfano de padre y libre de rencor”.

Como sea, en Chile Vamos advierten que sería un error interpretar la caída en las encuestas como una invitación a concentrarse exclusivamente en el electorado más duro de Kast.

La vicepresidenta de la Cámara de Diputados, Ximena Ossandón (RN), planteó que el desafío es identificar con precisión dónde se está perdiendo respaldo. “Más que un electorado en específico, la votación del Presidente fue mayor, no fue solo su nicho. Entonces, si se está perdiendo apoyo, veamos dónde se está perdiendo. Temas como los indultos realmente no creo que muevan la aguja, la gente tiene otros problemas”, sostuvo.

En esa línea, añadió que el gobierno debe abordar con responsabilidad las causas de su pérdida de respaldo y apuntar a resolver los problemas en seguridad y empleo. A su juicio, es ahí donde la administración puede recuperar terreno.

Una advertencia similar formuló el diputado de Evópoli Tomás Kast, quien sostuvo que la llegada del sector a La Moneda fue resultado de una mayoría que reunió distintas fuerzas políticas y sensibilidades detrás de un proyecto común. “Sería un error que frente a ciertas dificultades, cada sector buscara refugiarse en su propio electorado. Nuestra responsabilidad es justamente la contraria”, afirmó.

El diputado Francisco Orrego (RN), por su parte, reconoció las dificultades que enfrenta la administración, pero destacó que la derecha sigue confiando en el gobierno, mientras que los sectores que no se identifican con ella esperan respuestas inmediatas. “El gobierno debe mantener su rumbo y adoptar medidas que permitan mejorar las condiciones de vida en el corto plazo”, señaló.

En republicanos la preocupación de perder la base de apoyo está instalada. El presidente de la colectividad, Arturo Squella, recibe reclamos diarios de distintos dirigentes, según comentan en la colectividad. A él le transmiten que el Ejecutivo ha abandonado las “banderas propias” y que son necesarias señales para el sector.

Por lo mismo, dicen las mismas fuentes, Squella ha levantado con más fuerza la petición de indultos. Con una señal de ese tipo, agregan las mismas versiones, creen que podrían contener un desfonde en el electorado “más fiel”.

En el partido que fundó el Presidente Kast transmiten que el principal problema de La Moneda es que la decisión “estratégica” ha sido “evadir” el tema. “Tratar de ganar todo y no ganar nada”, repiten. Esto, haciendo hincapié en que la indefinición en no indultar -para evitar abrir un flanco con sectores de izquierda y polarizar-, está poniendo en riesgo a su propia base de apoyo, lo que abre la puerta a que aumente el “fuego amigo”.

Por eso, recalcan las mismas fuentes, Palacio debe “jugarse por un camino” y “afirmar” a los propios.