Durante años, Banco Azteca presentó Guardadito como una cuenta accesible para millones de mexicanos. Sin embargo, la migración reportada de miles de cuentas hacia “Cuenta Operativa Azteca” está provocando una preocupación legítima: los clientes podrían terminar pagando por mantener el dinero que antes guardaban sin semejantes condiciones.

El problema tiene cifras concretas. La nueva cuenta contempla una comisión reportada de 400 pesos más IVA mensuales, es decir, 464 pesos al mes o 5,568 pesos al año. Para evitarla mediante el requisito de saldo, el cliente debe mantener un saldo promedio mensual mínimo de 10,000 pesos.

Así de sencillo y así de indignante: quien no consiga mantener esos 10,000 pesos durante el mes podría enfrentar una comisión que, para muchas familias mexicanas, representa varios días de trabajo.

Cuando el ahorro se convierte en privilegio

Desde la Organización Nacional de la Defensa Del Deudor cuestionamos profundamente esta situación. ¿En qué momento guardar dinero en un banco se convirtió en un servicio condicionado a demostrar cierta capacidad económica?

La contradicción es evidente. Una persona que apenas logra reunir 2,000 o 3,000 pesos para emergencias podría terminar pagando 464 pesos mensuales por mantener una cuenta cuyas condiciones no eligió originalmente.

El banco también contempla otras alternativas para exentar el cobro, como recibir determinados depósitos de nómina o pensión, o mantener inversiones. Pero estas opciones no resuelven el problema de quienes tienen ingresos variables, trabajan por su cuenta o simplemente utilizan la cuenta para resguardar pequeños ahorros.

La desigualdad detrás del contrato

El verdadero problema es la enorme desventaja en que se encuentra el cliente frente a la institución financiera.

Banco Azteca cuenta con recursos jurídicos, tecnológicos y comerciales para modificar sus productos. El usuario, en cambio, muchas veces descubre los cambios cuando revisa su aplicación o encuentra una comisión inesperada.

Es cierto que la regulación mexicana permite determinadas modificaciones contractuales mediante avisos y procedimientos específicos. Pero una autorización regulatoria no es una carta blanca para actuar sin transparencia.

Una cosa es que una modificación pueda cumplir formalidades legales y otra muy distinta es que resulte justa para el consumidor.

Por ello, exigimos que Banco Azteca explique con absoluta claridad cómo realizó estas migraciones, qué notificaciones entregó y qué posibilidades tienen los clientes de conservar una alternativa sin semejantes costos.

El dinero del cliente no debería ser rehén de las comisiones

Recomendamos revisar el contrato vigente, consultar los movimientos y reclamar por escrito cualquier cobro improcedente ante la unidad especializada del banco. Si la respuesta resulta insatisfactoria, corresponde acudir a la CONDUSEF.

Pero el asunto merece una discusión más profunda. No basta con decirle al consumidor que puede cambiar de cuenta o de banco. La responsabilidad de ofrecer condiciones claras y razonables corresponde también a las instituciones que administran sus recursos.

Desde nuestra organización sostenemos que la inclusión financiera no puede convertirse en un discurso publicitario mientras se imponen barreras económicas a quienes menos tienen.

Exigir un saldo promedio mensual de 10,000 pesos para evitar una comisión de manejo de cuenta de 464 pesos es una condición particularmente gravosa para miles de pequeños ahorradores.

Un banco tiene derecho a ganar dinero. Lo que merece un severo cuestionamiento es que una decisión comercial pueda terminar castigando precisamente a las personas que confiaron en él para proteger sus pocos ahorros.

Porque cuando guardar dinero se vuelve un lujo, algo está profundamente equivocado en nuestro sistema financiero.

Cómo siempre, desde la Organización Nacional de la Defensa Del Deudor cuidamos y hacemos valer tus derechos.