SEÑOR DIRECTOR:

El regreso de la estatua del general Baquedano a la plaza que lleva su nombre es una buena noticia. No sólo porque se recupera un símbolo de nuestra historia, sino también por la semiótica detrás del regreso: la salida del monumento estuvo marcada por uno de los períodos más turbulentos de nuestra historia reciente, cuando la violencia terminó apropiándose de un lugar que antes había sido escenario de celebraciones deportivas, manifestaciones pacíficas y encuentros ciudadanos.

Ojalá su regreso sea también una señal de que esa etapa quedó atrás y que, todos juntos, desde nuestras legítimas diferencias, podamos decir un “nunca más” a la violencia urbana. Reponer la estatua de Baquedano en su sitio es recuperar un centro neurálgico de la ciudad. Y recuperar dicho centro es volver a entender que los espacios públicos son de todos, incluso —y especialmente— de quienes pensamos distinto.

Roberto Munita Morgan

Director de Administración Pública UNAB