Hay restaurantes que construyen su identidad alrededor de un plato y otros que lo hacen a partir de una manera particular de sentarse a la mesa. En Blanco, esa idea de compartir, probar distintos sabores y alargar la sobremesa vuelve a tomar protagonismo con la nueva carta de Blanco Castelar (Av. Emilio Castelar 163, Polanco) y Blanco Colima (Calle Colima 168, colonia Roma Norte).

Los dos restaurantes presentan una propuesta gastronómica compartida que actualiza su cocina contemporánea sin alejarse de la personalidad que los ha acompañado a lo largo de los años.

La carta fue desarrollada por Mike Dávila, chef ejecutivo de Grupo Carolo, junto con Alfredo Carbajal, chef de ambos restaurantes, con una premisa clara: renovar la experiencia sin perder la esencia de Blanco.

Blanco Colima se acerca a sus once años de historia, mientras Blanco Castelar celebra ocho años en 2026. En ambos casos, la nueva etapa apuesta por una cocina accesible y contemporánea, pero también por platos que invitan a pedir al centro y construir la comida entre varias personas.

Qué incluye la nueva carta de Blanco

La renovación comienza con las entradas, pensadas para abrir la conversación alrededor de la mesa. El tartar de atún aleta azul aparece acompañado de caviar de esturión Ossetra, carpaccio de aguacate y una vinagreta de limón, mientras que el hamachi japonés se presenta con ponzu y puré de serrano.

Tartar de atún aleta azul acompañado de caviar de esturión Ossetra, carpaccio de aguacate y una vinagreta de limón. Foto: cortesía Blanco

También hay espacio para el callo de hacha, servido con leche de tigre, aceite de chile serrano y manzana verde. La combinación busca equilibrar la textura delicada del marisco con acidez, frescura y un toque de picante.

Para quienes prefieren comenzar con algo al centro, las aceitunas con burrata ahumada reúnen pesto genovés, pistache y limón amarillo. El resultado juega con diferentes temperaturas, texturas y perfiles aromáticos en un plato que funciona particularmente bien para compartir.

La sección de carnes incorpora un steak tartar de filete de res prime con vinagreta de alcaparra y papas Saratoga. También aparecen las chalupas de filete prime, acompañadas de manchego semicurado y pimientos de piquillo, una propuesta que lleva ingredientes reconocibles hacia una presentación más contemporánea.

Steak tartar de filete de res prime con vinagreta de alcaparra y papas Saratoga. Foto: cortesía Blanco

Entre los platos para compartir destaca el Filete Wellington acompañado de duxelle de hongos, prosciutto y espárragos a la mantequilla. Es uno de esos platos pensados para convertirse en el centro de la mesa y marcar el ritmo de la comida.

Producto mexicano y proveedores nacionales

Más allá de las nuevas recetas, uno de los cambios importantes detrás de esta carta está en la selección de ingredientes.

Dávila y Carbajal participaron directamente en la búsqueda de productores y proveedores nacionales, con especial atención en la calidad y la trazabilidad. En el caso de los productos del mar, los restaurantes trabajan con iniciativas como Pesca con Futuro y Comepesca.

La búsqueda también alcanza a los quesos y lácteos, con productos provenientes de regiones como La Laguna y Texcoco. El objetivo es que el origen de los ingredientes tenga un papel más visible dentro de una cocina que, aunque conserva influencias internacionales, encuentra en el producto mexicano una de sus principales herramientas para evolucionar.

Postres para cerrar la comida

La renovación también llega al final de la comida con cuatro postres que recorren perfiles muy distintos.

El fondante de manchego semicurado combina el sabor del queso con helado de vainilla, mientras que la Sorpresa de limón lleva ganache montée de chocolate blanco y limón Eureka confitado.

Para los amantes del chocolate está la Trufa de chocolate, preparada con pastel de chocolate, helado de caramelo y salsa de chocolate. La Tarta Tatin, por su parte, recupera el clásico francés con manzana caramelizada en mantequilla, hojaldre y helado de vainilla.

Trufa de chocolate preparada con pastel de chocolate, helado de caramelo y salsa de chocolate. Foto: cortesía Blanco

Con esta nueva propuesta, Blanco Castelar y Blanco Colima entran en una etapa en la que la evolución no significa empezar de cero. La apuesta está en volver a la mesa, al producto y a los platos para compartir, con una cocina que busca mantener vigente una experiencia construida durante casi una década en dos de las zonas gastronómicas más reconocibles de la Ciudad de México.

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