Boca de Tomates, Jalisco.- Donde antes había restaurantes, mesas y cabañas frente al mar, ahora se extiende una gruesa capa de arena que sepultó parte de la vida cotidiana de los habitantes de Boca de Tomates, una playa de Puerto Vallarta cercana al límite entre Jalisco y Nayarit. El fuerte oleaje provocado por el paso de los huracanes Polo y Rachel transformó el paisaje y dejó al menos 20 restaurantes cubiertos por la arena.
Las olas golpearon la costa, arrastraron toneladas de arena y dejaron a su paso muebles, enseres y estructuras dañadas. Desde septiembre pasado, los comercios de esta zona quedaron parcialmente sepultados, mientras que el acceso por el camino se complicó hasta impedir que los turistas llegaran con facilidad a la playa.
Entre los afectados está Juan Manuel Bernal, uno de los aproximadamente 20 lugareños que mantienen cabañas y restaurantes en este tramo de costa. Como integrante de una cooperativa, cuenta con una cabaña en la que durante años ha desarrollado sus actividades, pero los recientes fenómenos meteorológicos dejaron el lugar prácticamente destrozado.
“Nos dejaron estragos muy fuertes los pasados dos huracanes, Polo y Rachel. Mi cabaña quedó prácticamente destrozada y ahora tenemos la amenaza del próximo huracán”, relató, mientras la preocupación por los daños se mezcla con la incertidumbre ante la posibilidad de que el mar vuelva a golpear la costa.
Dentro de su cabaña, la arena invadió los espacios donde antes estaban los muebles y los objetos indispensables para la vida diaria. El refrigerador, la cocina, la cama y la sala quedaron bajo los sedimentos que ingresaron con la fuerza del oleaje. Lo que antes era un espacio para descansar y trabajar terminó convertido en un sitio cubierto por los rastros de la tormenta.
La afectación no se limita a una sola propiedad. Los restaurantes y las cabañas de Boca de Tomates forman parte de una franja costera donde las familias dependen de la actividad turística. Con los accesos complicados y los establecimientos cubiertos de arena, la llegada de visitantes se volvió difícil, en un momento en que los habitantes todavía intentaban dimensionar las pérdidas y recuperar sus espacios.
Boca de Tomates también se encuentra en una zona de desembocadura que alberga fauna silvestre, incluidos cocodrilos, en las inmediaciones del aeropuerto internacional de Puerto Vallarta. El paisaje, marcado por la cercanía entre el río, la vegetación y el océano Pacífico, quedó alterado por el movimiento de la arena y la fuerza de las olas.
Ahora, mientras los habitantes observan los daños en sus cabañas y restaurantes, la atención está puesta en la amenaza de un nuevo huracán. Para Juan Manuel, el temor no se limita a volver a encontrar sus pertenencias bajo la arena, sino a que otro episodio de fuerte oleaje termine por agravar la destrucción de un espacio del que dependen su trabajo y el de otros habitantes de la playa.
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