Entre puestos, comercios y el movimiento cotidiano de la colonia Buenavista apareció hace unas semanas un nuevo espacio dedicado a los libros.

Se trata de Bocados Librería, un proyecto fundado por Josie y Diana, ubicada en Violeta 99-1, colonia Buenavista, en la alcaldía Cuauhtémoc de la Ciudad de México, que abrió sus puertas el pasado 15 de agosto con una idea que va más allá de vender ejemplares: convertirse en un lugar donde los vecinos puedan encontrarse, preguntar, descubrir autoras y participar en actividades alrededor de la lectura.

Tenemos mes y medio y la verdad es que ha tenido muy buena aceptación. Estamos en un lugar donde no había otra librería, de hecho casi ni hay cafés, y la gente se ha pasado a comprarnos, a preguntar. Eso nos da mucho gusto”, cuenta Josie.

La librería nació también de un momento de cambio para ambas. Diana se quedó sin trabajo, Josie renunció al suyo y una idea que llevaba tiempo rondando comenzó a tomar forma.

A ambas nos gusta leer y nos conocemos desde hace muchos años. Yo le dije a Diana que me interesaría poner una librería, pero teníamos muy poquita noción, te diría que un cinco por ciento, de qué necesitábamos. No teníamos ahorros, buscamos entre conocidos quién nos podía ayudar económicamente y desde abril empezamos a buscar editoriales, local, muebles, todo”, recuerda Josie.

Una librería que empieza a encontrar a sus lectores

Aunque el proyecto apenas comienza, una de las señales que más entusiasma a sus fundadoras es que los habitantes de la zona ya se acercan con peticiones concretas.

Algunos llegan buscando títulos específicos; otros preguntan qué pueden llevarse para sus hijos o se detienen a conocer un catálogo con fuerte presencia de autoras latinoamericanas y editoriales independientes.

Nos interesa mucho que la gente de la misma colonia venga, que lo habite, que nos pregunte. Si no tenemos un libro, intentamos encontrarlo. También es importante que ellos nos digan sus necesidades, porque nosotras vamos descubriendo qué les gusta y ellos también pueden descubrir nuevas autoras con nosotras”, explican.

Ese intercambio con los lectores también convive con una decisión que estuvo presente desde el inicio: que la mayor parte del catálogo estuviera escrita por mujeres latinoamericanas.

Algo que sí desde el inicio fue como muy político de nuestra parte era que se vendiera el 70 por ciento de puras autoras latinoamericanas y lo demás que fuera de hombres. Entonces también te pudiste dar cuenta que casi la mayoría son escritoras, y tenemos cuento, poesía, ensayo, novela, fanzines”, cuenta Josie.

La selección incluye sellos independientes de distintos estados del país, con títulos que buscan ampliar las posibilidades de descubrimiento para quienes llegan a la librería sin una lectura específica en mente.

La idea es que los libros puedan llegar a más personas y que no se sientan como si solamente las personas intelectuales, entre comillas, pueden tener acceso a los libros.”

La intención, agregan, es alejar la lectura de la idea de que pertenece únicamente a ciertos círculos.

No queremos decirle a la gente qué tiene que leer. Puede ser una comunicación de ambos lados. Nosotras tampoco hemos leído todos los libros que tenemos y vamos descubriendo nuevas autoras. La idea es que los libros puedan llegar a más personas y que no se sienta que solamente las personas intelectuales, entre comillas, pueden tener acceso a ellos.”

Construir comunidad alrededor de los libros

Para Diana, crear un espacio agradable también era parte esencial del proyecto.

Ambas venían de ambientes laborales difíciles, por lo que cuidar la iluminación, los muebles, la limpieza y la forma de recibir a quienes entran a la librería se volvió una decisión consciente.

Venimos de un nivel de precarización donde trabajábamos en oficinas hacinadas y a veces ni siquiera había agua, papel o jabón en los baños. Entonces decir ‘quiero construir un espacio para que la gente se sienta cómoda’ es una responsabilidad muy grande. Queremos que llegues y sientas que es un lugar limpio, seguro, donde alguien te trata bien”.
Esta ciudad es muy hostil y te vuelve muy hostil. Por eso abrir un espacio donde la gente se sienta cómoda, en confianza y segura es muy importante, porque ahí es donde se empieza a generar comunidad.”

La comunidad también se construye fuera de la venta directa. Bocados organiza talleres, clubes de lectura y encuentros, además de haber colocado un banco de libros donados que rápidamente encontró nuevos lectores.

No queremos que sea solamente venir a comprar un libro. Queremos que vengan a las actividades. Si tienes la capacidad de comprarte un libro está chido, pero si no, puedes pasar a una lectura en voz alta o tomar uno de los libros donados. Queremos, a nuestra forma, cerrar esas brechas entre la literatura y ciertos círculos sociales.”

Un reto que también resulta gratificante

Abrir una librería independiente también ha significado asumir un riesgo económico.

Por ahora, el proyecto todavía no genera ingresos suficientes para que sus fundadoras puedan sostenerse solo de él, por lo que ambas necesitan otras fuentes para cubrir renta, comida y servicios.

Es muy cansado y también te da mucho miedo y mucha incertidumbre porque ahorita no nos genera ingreso para nosotras. Tenemos que buscar otros ingresos para sostenernos personalmente. Sin embargo, cambia todo el sentido porque esto es de nosotras”, cuenta Josie.

Las jornadas siguen siendo largas y descansan apenas un día a la semana, pero aseguran que la relación con ese esfuerzo es distinta.

Nunca habíamos estado tan tranquilas con algo, a pesar de la cantidad de chamba que tenemos, porque sabemos que esas chingas son para algo que nos gusta y algo propio”, agrega Diana.

A pocas semanas de su apertura, Bocados todavía enfrenta el reto de sostenerse como negocio, pero ya consiguió algo que sus fundadoras buscaban desde el principio: que los vecinos entren, pregunten, regresen y comiencen a reconocer en una librería nueva un espacio que también puede ser suyo.