Valtteri Bottas arribó al paddock del Gran Premio de Singapur a bordo de una bicicleta, la misma que utilizó en su largo recorrido de más de 400 kilómetros entre Sepang en Malasia hasta Marina Bay, sede de la carrera de este fin de semana, un viaje que inicialmente no estaba previsto, pero que inició tras una pregunta de su pareja si estaría dispuesto a hacerlo.
Tras concluir su participación en Sepang, el piloto finlandés descartó el avión y optó por completar una travesía en bicicleta a través de Malasia en caminos tanto de asfalto como también de terracería, una prueba que fue documentando en sus redes sociales.
El recorrido, que inició el domingo con un tramo inicial de 56 kilómetros hacia Port Dickson, tuvo sus etapas más demandantes entre lunes y martes acumulando 322 kilómetros, antes de cerrar con un trayecto final el miércoles. A pesar del esfuerzo físico, Bottas no espera tener una reacción adversa el fin de semana de carrera.
Obviamente no lo haría si supiera que afectaría mi rendimiento", comentó Bottas ante los medios de comunicación en el trazado callejero. "La cantidad de sudor en esos días fue impresionante, pero definitivamente te acostumbras al calor. Así que eso puede ayudarme, con suerte un poco".
Un recorrido con peligros
La zona entre Malasia y Singapur no es exactamente un paseo dominical y durante el recorrido Valtteri Bottas enfrentó retos que solo se encuentran en zonas selváticas, especialmente en lo referente a la fauna.
"Vi una cobra y una pitón cruzando el camino frente a mí", detalló el finlandés al recordar los momentos más complejos del trayecto, esto durante la noche cuando los ruidos de la selva le hacían generarse ideas que solo lo obligaban a seguir en su camino sin mirar atrás.
La parte más salvaje fue rodar de noche en la selva. Con el ruido que hay ahí, tu mente empieza a jugarte bromas. ¿Qué hay ahí fuera? Nadie lo sabe. Pero luego solo tienes que acelerar y seguir adelante".
Bottas informó que, en todo momento, estuvo acompañado por un coche que estaba listo para ayudarlo en caso de no poder seguir con el camino. Ahora, el finlandés admite que no sabe si volvería a hacer la travesía, pero ha sido una experiencia de vida.




