La infraestructura financiera gana relevancia en América Latina
La transformación digital de los servicios financieros en América Latina está llevando la competencia hacia un terreno que los usuarios pocas veces ven: la infraestructura tecnológica que permite emitir tarjetas, procesar pagos, dispersar recursos, administrar información y conectar diferentes servicios financieros.
Mientras los consumidores encuentran nuevas opciones para realizar pagos, contratar productos o administrar su dinero desde plataformas digitales, detrás de estas experiencias existe una infraestructura que debe responder a mayores volúmenes de operaciones, requerimientos regulatorios y necesidades de seguridad.
En este escenario, Broxel proyecta hacia 2027 una estrategia centrada en tres ejes: escalabilidad tecnológica, seguridad financiera y expansión regional, con el objetivo de fortalecer su participación como infraestructura financiera digital en América Latina.
La evolución ocurre en un mercado donde la inclusión financiera, los pagos digitales y los modelos de Banking as a Service (BaaS) han adquirido relevancia para bancos, fintechs, comercios y gobiernos.
La discusión ya no se limita a cuántas personas utilizan una aplicación financiera. También involucra la capacidad de las plataformas para sostener operaciones a gran escala, conectar diferentes servicios y permitir que terceros incorporen capacidades financieras sin desarrollar toda la infraestructura tecnológica desde cero.
De procesar pagos a construir infraestructura para terceros
Durante más de una década, Broxel ha desarrollado capacidades en emisión de tarjetas, procesamiento de pagos, dispersión de fondos y soluciones de nómina digital. Esa experiencia forma parte de una evolución hacia un modelo de infraestructura que permite a otras empresas construir productos financieros mediante integraciones API.
El cambio es relevante porque modifica el papel que puede ocupar un proveedor tecnológico dentro del ecosistema financiero.
En lugar de limitarse a ofrecer productos directamente al consumidor, una infraestructura financiera puede convertirse en una capa tecnológica que conecta a empresas con capacidades de pagos, emisión, procesamiento o dispersión de recursos.
Este modelo está relacionado con el crecimiento del embedded finance o finanzas incrustadas, mediante el cual servicios financieros se incorporan directamente a plataformas y experiencias digitales que originalmente no pertenecían al sector financiero.
La tendencia responde a una demanda creciente de servicios financieros accesibles, ágiles y personalizados, al mismo tiempo que las instituciones tradicionales enfrentan el desafío de desarrollar nuevas soluciones a la velocidad que demanda la transformación digital.
Para las empresas, esto abre la posibilidad de incorporar servicios financieros a sus propios ecosistemas sin tener que desarrollar desde cero todos los componentes tecnológicos, operativos y regulatorios necesarios para procesar determinadas operaciones.
BaaS y embedded finance modifican el ecosistema financiero
El crecimiento del Banking as a Service está relacionado con una transformación en la manera en que se diseñan y distribuyen los servicios financieros.
Bajo este modelo, determinadas capacidades (como pagos, cuentas, emisión o procesamiento) pueden integrarse en productos desarrollados por empresas que no necesariamente cuentan con una infraestructura financiera propia.
El embedded finance lleva esta integración un paso más allá al incorporar servicios financieros directamente dentro de plataformas y experiencias digitales que forman parte de actividades cotidianas.
En América Latina, estos modelos adquieren relevancia ante la diversidad de mercados, niveles de bancarización y marcos regulatorios existentes en la región.
Una infraestructura que opere para terceros necesita combinar tecnología con capacidades de cumplimiento, seguridad e interoperabilidad. En ese terreno, Broxel busca ampliar su participación mediante infraestructura técnica y regulatoria que permita a otras organizaciones desarrollar servicios financieros sin construir todos los componentes desde cero.
Esta evolución también cambia la relación entre las empresas financieras tradicionales y las compañías tecnológicas.
La colaboración entre ambos segmentos puede permitir que una institución aproveche infraestructura especializada mientras concentra sus recursos en la relación con sus clientes, el diseño de productos y su estrategia comercial.
Seguridad financiera: el otro lado de la escalabilidad
El crecimiento de los pagos digitales también incrementa las exigencias de seguridad.
A medida que una mayor cantidad de operaciones financieras se realiza mediante canales digitales, las plataformas deben responder no solamente a mayores volúmenes de transacciones, sino también a riesgos relacionados con fraude, ciberataques y protección de información sensible.
Por ello, la seguridad financiera forma parte de los principales ejes de la estrategia de Broxel hacia 2027.
Entre las capacidades consideradas se encuentran el cumplimiento regulatorio alineado con normativas locales e internacionales, protocolos de ciberseguridad, prevención de fraude en tiempo real, encriptación de datos, protección de información financiera sensible y monitoreo transaccional apoyado en inteligencia artificial.
La combinación de estas herramientas adquiere mayor importancia cuando una infraestructura no atiende únicamente a usuarios propios, sino que también puede soportar operaciones de empresas e instituciones que dependen de su disponibilidad.
La escalabilidad tecnológica, por tanto, no puede separarse de la seguridad.
Una plataforma puede aumentar el volumen de operaciones que procesa, pero su crecimiento también depende de mantener controles adecuados de protección de datos, prevención de fraude, continuidad operativa y cumplimiento.
La confianza, un factor para la adopción de pagos digitales
La expansión de los servicios financieros digitales no depende únicamente de la disponibilidad de nuevas herramientas tecnológicas.
También requiere confianza por parte de usuarios, empresas e instituciones.
En una región donde todavía existen segmentos de consumidores con distintos niveles de adopción de los medios de pago digitales, la seguridad de las operaciones se convierte en un elemento relevante para consolidar su utilización.
Una infraestructura financiera segura debe proteger los datos, identificar operaciones potencialmente irregulares y mantener la continuidad de los servicios.
Este aspecto cobra especial relevancia en modelos BaaS y embedded finance.
Cuando una empresa incorpora servicios financieros dentro de su propia plataforma, la experiencia del usuario depende también de la infraestructura que opera detrás de ella. Una interrupción o vulneración puede tener efectos tanto sobre el proveedor tecnológico como sobre las empresas que utilizan sus capacidades.
Por ello, la seguridad deja de ser únicamente un componente técnico y se convierte en parte de la infraestructura necesaria para el funcionamiento del ecosistema financiero digital.
LATAM, un mercado de expansión para la infraestructura financiera
El tercer eje de la estrategia hacia 2027 es la expansión regional. Broxel contempla ampliar su presencia en mercados clave de América Latina mediante soluciones relacionadas con pagos digitales, tarjetas, dispersión de fondos y herramientas orientadas a la inclusión financiera.
La región mantiene una población significativa que permanece fuera del sistema bancario o cuenta con acceso limitado a determinados productos financieros.
Esta situación representa uno de los desafíos estructurales de los sistemas financieros latinoamericanos, pero también genera oportunidades para modelos tecnológicos capaces de reducir algunas barreras de acceso.
La infraestructura digital puede facilitar la distribución de servicios financieros a través de nuevos canales y permitir que empresas de diferentes sectores incorporen herramientas de pago o administración de recursos.
Sin embargo, crecer en distintos países también implica enfrentar marcos regulatorios, condiciones de mercado y necesidades de los usuarios diferentes entre sí.
La capacidad de adaptación se convierte, por ello, en un elemento fundamental para cualquier estrategia de expansión regional.
Un ecosistema basado en colaboración
La evolución de la infraestructura financiera también está modificando la relación entre fintechs, bancos, comercios y empresas de tecnología.
Broxel plantea fortalecer alianzas con instituciones financieras y organizaciones de distintos sectores, bajo un modelo de colaboración con la banca establecida.
La lógica responde a la propia transformación del mercado.
La digitalización ha generado nuevos participantes, pero también más posibilidades de colaboración entre organizaciones con capacidades distintas.
Un banco puede aportar infraestructura financiera y conocimiento regulatorio; una fintech puede desarrollar experiencias digitales; un comercio puede integrar servicios financieros en su operación; mientras que un proveedor tecnológico puede aportar procesamiento, conectividad y herramientas de seguridad.
Este esquema permite distribuir las capacidades necesarias para desarrollar nuevos servicios y reducir la necesidad de que una sola organización construya toda la cadena tecnológica.
El reto hacia 2027: crecer con seguridad
La siguiente etapa de la transformación financiera latinoamericana plantea un desafío común para el sector: aumentar la escala sin comprometer seguridad, cumplimiento e interoperabilidad.
Para Broxel, 2027 representa una etapa de expansión de su infraestructura financiera digital, con una estrategia que combina crecimiento tecnológico, seguridad transaccional y presencia regional.
Para la industria financiera en general, el reto es similar. La demanda de servicios digitales continuará requiriendo plataformas capaces de procesar más operaciones, conectar diferentes actores y ofrecer experiencias más ágiles, pero también sistemas preparados para enfrentar riesgos tecnológicos y regulatorios.
En este contexto, la infraestructura adquiere un papel cada vez más relevante dentro de la economía digital.
Aunque permanece detrás de las aplicaciones y productos que utiliza el consumidor, es la capa que permite procesar operaciones, conectar servicios, incorporar nuevas soluciones y ampliar el alcance de las finanzas digitales.
La evolución hacia 2027 estará marcada por la capacidad de los participantes del sector para combinar innovación tecnológica, seguridad financiera, escalabilidad e inclusión, elementos que serán determinantes para el desarrollo de los servicios financieros digitales en América Latina.




