“¿Me das un freebie?”, rezaba el cartel que levantaba un entusiasta chico en la calzada de Pedro de Valdivia. Se refería a los recuerdos y merch que suelen intercambiar los fans del k-pop. Una comunidad con precisos códigos propios. Al poco rato intercambiaba todo tipo de artículos -llaveros, stickers- con otros chicos que se conocían ahí mismo, mientras hacían la fila para entrar al concierto de BTS.

Aunque las puertas del Estadio Nacional se abrieron pasadas las 16:30 horas, el flujo de gente es denso. Miles de personas, principalmente mujeres -incluso mayores-, se hacían notar por sus outfits a juego -una tendencia de los conciertos-, los ineludibles lightsticks y muchos corazones amarillos.

Una vez en el coliseo de Ñuñoa (las 60 mil personas lo repletaron), el golpe de vista del escenario es impresionante. La gira Arirang -en promoción de su disco de regreso del mismo nombre-, es la primera en que BTS lleva un escenario de 360°. Se trata de una gran estructura central sobre la que se monta un rectángulo de pantallas de alta definición. El diseño se inspira en el Pabellón Gyeonghoeru del Palacio Gyeongbokgung. Asimismo, el suelo del escenario presenta un diseño con guiños a la Taegeukgi (bandera de Corea del Sur), con el símbolo central como eje central.

La previa al concierto se ameniza con música tradicional coreana, mientras las pantallas pasan por diseños de texturas fluidas, inspiradas en la cultura del país que se ha vuelto la nueva referencia del pop. Muestra que el concierto ofrecerá una experiencia inmersiva y a la vez, tendrá guiños a su tierra, en un diálogo en código pop entre tradición y modernidad.

A media hora de arrancar, en las pantallas pasa un tutorial para el uso de los lightstick o ARMY boom. A la cuenta de tres, los fans los encendieron a la vez. Incluso sonó más de un patriotero “ceacheí”, de puro entusiasmo. Y, recordando todo el embrollo que rodeó la autorización del show, “dedicaron” un cántico a la exministra Natalia Ducó y al presidente Kast.

Tal como apuntaban las reseñas internacionales, el arranque del show es espectacular. Pasadas las 20:00 horas, suenan los tambores tradicionales como una suerte de cortina. Los ídolos se hacen esperar. Entra en escena un pequeño ejército de bailarines enmascarados y con bengalas encendidas. El simbolismo es claro, llevar la luz de la cultura coreana al mundo. Y desde las pasarelas, entran caminando Jin, Suga, J-Hope, RM, Jimin, V y Jungkook. El estadio completo ruge a una voz con los lightstick en alto. BTS, los Beatles del K-pop, ya están en escena. Arrancan con Hooligan, un tema de energía callejera y directa.

El show está diseñado como una experiencia inmersiva y es coreografiada de tal manera que no haya momentos vacíos. De inmediato siguen con Aliens y Run BTS. Los 7 chicos aprovechan que la estructura central también tiene una tarima móvil que sube y gira. Se distribuyen con una notable precisión de manera que todos miran hacia un sector del público. Ya no hacen tanta coreografía, mas bien han vuelto más precisos sus movimientos para destacarse como intérpretes. Mientras, los lightstick se encienden y cambian de color según el pulso de las canciones.

“Hola Santiago, un grito”, dicen en su primera intervención de la noche. Muy sincronizados, se turnan para hablar. Recuerdan que llevaban 9 años sin visitar el país. “Hagamos que esta noche sea especial”, dicen en otro momento en un español algo tieso, pero entendible.

La referencia a la cultura tradicional coreana se despliega también en otros momentos del show. Cuando suena They don’t know ‘bout us (uno de los temas firmados por Jimin y RM) los bailarines muestran pantallas portátiles inspiradas en máscaras tradicionales coreanas, mientras que a la interpretación de Merry Go Round ven en escena unas telas en movimiento inspiradas en la danza tradicional, seungmu. Un detalle teatral, aunque algo dejado en segundo plano ante el protagonismo de los siete.

La power ballad Like Animals permite bajar algo las revoluciones, mas no la energía. En otros momentos, los siete se reparten hacia las pasarelas laterales desplegadas desde la estructura central. Eso les permite cantar muy cerca de los fans de las primeras filas y además quienes están en Andes o en las galerías también pueden verlos sin mucho problema. Permite que puedas dejar de seguir el show por las pantallas. Un acierto del diseño del show.

Cuando suena el hit SWIM -con unas dramáticas visuales acuosas en las pantallas-, los BTS vuelven a la tarima. Las luces laser azulosas cortan la noche y las fans siguen el ritmo con los lightstick en alto.

Ellos son los protagonistas absolutos. Incluso durante los intermedios, las pantallas se ocuparon de desplegar imágenes de los 7 chicos, mezclados con diseños de texturas, como para no bajar el entusiasmo. Aunque a ratos se hacían algo extensos.

Tras un cambio de vestuario -ahora con looks más urbanos- los BTS vuelven a escena entre su ejército de bailarines. Siguen con otros cortes del disco Arirang aprovechando las posibilidades de las tarimas. Vuelven a hablar con el público. “Si las Armys siguen pasándola así de bien, no necesito nada más”, dicen. Jimin, el rubio peliteñido que estuvo de cumpleaños el martes -y de los más aplaudidos de la noche- lanza el desafío: “¿seguimos?”. Y siguen, con Not Today, uno de los clásicos de su discografía. Los bailarines entran, esta vez con bastones led, que suman más color aún al evento.

“¡Army! tienen mucha energía, ¡muy sexy!”, dicen en otro momento, arrancando los gritos de las fans. Al sonar la animada IDOL (uno de los clásicos de su discografía, lanzado en 2018), aparecen los bailarines por las pasarelas, luciendo enormes banderas y bastones LED, formando un gran desfile. Todos caminan hacia el centro de la estructura, vuelven a bajar y dan una animada vuelta olímpica por el recortán ante la algarabía general. Estallan los fuegos artificiales y el confeti. Es uno de los puntos altos de la noche. Toman la salida mientras las pantallas enfocan a las enfervorizadas fans. Por cierto, se hacen notar con sus banderas quienes vinieron desde países como Bolivia, Ecuador, México, y otros.

En el tramo final -tras otro cambio de vestuario, esta vez algo más sport- pasaron por temas como Come Over, Butter y el hit Dynamite para decantar al bloque de canciones sorpresa para el público. A este punto a los chicos se les ve más sueltos, como más relajados por la satisfacción. Y por cierto, se entona el Happy Birthday para Jimin, quien es saludado por sus compañeros. El público alucina y canta al joven artista que cumplió 31 años. Casi al final, se sientan y hablan a la audiencia en su lengua, con traducción en vivo. V, se animó a hablar en español, dijo que comió empanadas y que “Chile es el mejor país de Chile”.

El paso de BTS por Chile ratificó su momento como la mayor banda del mundo y explica por qué son considerados para eventos como la reciente Copa del Mundo. Su puesta en escena, aunque algo mecánica, está bien trabajada, resulta muy llamativa y es difícil perder el hilo. Además han aprovechado muy bien el fervor de los fans para integrarlo al espectáculo. Una noche redonda que estará entre las mejores del año.