Emmanuel Carrère (París, 1957), aclamado escritor francés y ganador del Princesa de Asturias 2021, está en el país para presentar Koljós, un libro que trata sobre su familia, desde sus padres hasta generaciones anteriores que lo remontan a sus lazos con Rusia, Ucrania y Georgia. Esa “pequeña” historia, no universal, sino personal, conecta con momentos de la historia del siglo XX y con lectores alrededor del mundo, que han seguido la obra de Carrère, autor de Una novela rusa y Limónov . Pero, ¿por qué importa contar “historias pequeñas”? Fue una pregunta que le planteó Julia Santibáñez, directora de Literatura UNAM y quien condujo la charla magistral que ofreció ayer Carrère en la Sala Miguel Covarrubias del Centro Cultural Universitario de la UNAM.
Ante la pregunta, el escritor, cuya obra se caracteriza por ser no ficciones que mezclan experiencias personales, historia, crónica y periodismo, contó que escribir en primera persona tiene que ver con que es un “narcisista y egocéntrico”, pero más allá de ello “es una manera de dirigirse al lector para decirle ‘mira, ve la mierda en la que estoy, a lo mejor tú también pronto estarás es en esta mierda’ y nos sentiremos menos solos”, comentó el autor entre risas. Para el escritor, quien tiene un diagnóstico de bipolaridad, esta es una forma de superar los tabúes y la vergüenza que provocan los problemas de salud mental entre los individuos. “Creo que leer a alguien que ha pasado por eso es útil públicamente”, añadió.
Esa conexión con el lector ya la ha logrado Carrère, quien tan sólo ayer convocó a 640 personas, de los que algunos estuvieron dispuestos a llegar a hacer fila cinco horas antes del evento, como Abel y América, cuya admiración por el escritor los motivó a formarse desde las 7:40 de la mañana.
“Me habían dicho que mis libros eran bien recibidos en América Latina, pero no sabía qué tanto y ha sido una sorpresa maravillosa”, declaró el escritor a EL UNIVERSAL minutos antes de la conferencia, aún sin haber conocido a Alejandra Galván, quien asistió a la conferencia con más de 15 libros del escritor en la bolsa.
Galván, una mujer jubilada que acudió acompañada de sus jóvenes amigos del club de lectura del que forma parte, ha leído al autor de El adversario en tres idiomas: francés, inglés y español. Durante la hora que duró la conferencia, Alejandra lo veía con un sólo objetivo en mente: obtener el autógrafo del escritor que la había cautivado hace tantos años.
Al término del evento, Alejandra, decidida, se abrió paso entre los asistentes y la prensa para mostrarle a Carrère la colección de libros que había llevado. El francés, atónito, no supo hacer más que sacar su teléfono y tomar una foto. Victoriosa, Alejandra pudo acompañar a Carrère detrás del telón del recinto, donde, en privado y en perfecto francés, le dijo: “disfruto mucho leerlo. Tengo todos sus libros en español, francés e inglés para comparar la traducción”. El invitado estrella de la UNAM asintió en agradecimiento y posteriormente firmó uno de sus libros, con una dedicatoria especial, pues mientras al resto firmaba sólo con el nombre, a Galván le escribió “con mi gratitud por su atención a mi trabajo”.
Carrère señala que lo único que separa a uno del resto es la piel, dividiendo así entre lo que está al interior del exterior, por lo que cuando escribe libros trata de dar cuenta de su propia experiencia con la apuesta de “tener un eco en la existencia de los demás. Si yo no esperara eso, no escribiría libros”.
En el espacio exterior, el autor ubica ahí a los fenómenos históricos de los que escribe en sus libros como si se tratara de un historiador aficionado: “lo que está fuera de nosotros incluye hacer un trabajo de historiador y de interacción pura con mis semejantes y mis libros son un vaivén entre el interior y el exterior”.
A propósito de narrar la historia y la experiencia personal, el autor de Yoga y V 13 reflexionó sobre la importancia de saber dónde colocar el punto de vista, que coincide con la idea del cineasta mexicano Alejandro González Iñárritu, que citó Santibáñez, sobre que la perspectiva cambia radicalmente si la cámara se mueve 2 centímetros a la derecha o a la izquierda.
“Como Iñárritu con su cámara o como cualquier pintor, hay que saber dónde vamos a colocar a nuestro modelo, cómo lo vamos a iluminar, cómo nos vamos a mover en torno a él y eso toma tiempo porque hay dudas, entramos a una especie de intimidad e interacción con los personajes. No se puede contar la vida de 8 mil millones de personas, pero puedo intentar contar a escala individual nuestros amores, neurosis y sufrimientos, pero escribiéndolos también dentro de un marco histórico, que es simplemente el gran marco colectivo y de cómo nos insertamos aquí adentro. Intenté hacerlo así con Koljós”, dice el también cineasta y guionista sobre cómo escribir acerca del otro.
El mundo de Carrère
Con respecto a su proceso, Emmanuel Carrère contó que, a lo largo de los años y de sus múltiples libros, ha ido practicando la técnica de malabarear “varias pelotas a la vez”: “con el tiempo he logrado hacer funcionar varias voces, varias pelotas, varios hilos, para hacer algo que a final de cuenta a final de cuentas resulta polifónico”. También explicó que no puede comenzar a escribir una historia sino hasta que encuentre a un sujeto no sólo interesante, sino con el que también llegue a verse reflejado. Uno de los personajes sobre los que le habría gustado escribir es el matemático Alan Turing, quien desde los años 40 ya se hacía la pregunta sobre qué distingue a la Inteligencia Artificial de la Inteligencia Humana. Sin embargo, por su falta de conocimiento matemático, el francés no pudo conectar con el personaje de una forma en la que podría mostrarlo convincente, por lo que tras un año de trabajo abandonó el proyecto.
“Es como un libro fantasma. Lamento no haberlo hecho porque entre más han pasado los años, la figura de Turing ha resultado ser profética, así como Philip K. Dick”, confesó el escritor de Yo estoy vivo y vosotros estáis muertos, que precisamente es una biografía del autor de ciencia ficción.
“Vivimos en el mundo de K. Dick”, añadió el francés, quien considera que figuras como la de Donald Trump y Elon Musk pudieron haber sido personajes creados por el escritor de ¿Sueñan los androides con ovejas eléctricas?
“Pienso muy a menudo en él porque, una vez más, estamos viviendo en el mundo de K. Dick. Él fue el que narró todo del mundo en el que nos encontramos, a pesar de que murió en el 82. Yo publiqué mi libro 13 años después de su muerte, ya en aquel entonces pensaba que era un autor profético, pero ahora lo es todavía más”, insistió.
Sin embargo, el libro sobre K. Dick no es el preferido de Carrère, ese lugar privilegiado aún lo posee De vidas ajenas, por ser “el más humano, el más conmovedor” y con el que garantizaría su entrada al cielo: “San Pedro está en la puerta del cielo con sus llaves y que abre o no, según si uno se portó bien o mal. Si yo le tuviera que dar un libro mío para decirle que fui bueno sería ese”, bromeó.
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