El pan es uno de los alimentos más presentes en la mesa de los chilenos. De hecho, una reseña sectorial de la Federación Chilena de Industriales Panaderos (Fechipan) estima que el consumo promedio alcanza cerca de 98 kilos por persona al año.

Dentro de la producción tradicional, existe una variedad que destaca ampliamente por sobre las demás: la marraqueta, que representa cerca del 70%. Le sigue la hallulla, con aproximadamente un 20%.

Hay una gran diferencia entre ambos tipos. La marraqueta se prepara principalmente con harina de trigo, agua, levadura y sal, sin materia grasa en la masa. Esto ayuda a explicar su característica corteza crujiente y una miga más liviana.

La hallulla, en cambio, incorpora materia grasa y tiene una estructura más compacta y blanda. Su formato redondo y bajo la convierte en otra de las alternativas habituales para acompañar con queso, jamón, palta o huevo.

Entre el porcentaje restante de la producción tradicional aparecen variedades como el pan amasado, la frica, la churrasca y la baguette, además de opciones integrales, de molde y de masa madre.

Sin embargo, aunque la oferta de las panaderías chilenas es amplia, los datos de Fechipan muestran que marraqueta y hallulla concentran cerca del 90% de la producción nacional, con una diferencia considerable a favor de la primera.

Marraqueta