La transformación digital está abriendo nuevas posibilidades para la participación ciudadana, pero también plantea una pregunta cada vez más difícil de esquivar: '¿cómo construir confianza en una democracia que incorpora tecnologías capaces de transformar la forma en que los ciudadanos se informan, participan y toman decisiones?'
Una investigación cuantitativa realizada por la Fundación Liderar con Sentido Común en España, Argentina, Perú, Colombia y México pone de manifiesto esta paradoja: existe una percepción de que la tecnología puede contribuir a mejorar la democracia, pero el conocimiento, la confianza y las garantías sobre su utilización todavía avanzan a un ritmo desigual. El estudio se realizó sobre una muestra de 1.129 personas mayores de 18 años mediante un cuestionario estructurado online, con trabajo de campo realizado en mayo de 2026.
Uno de los principales resultados de la investigación es la distancia entre lo que la ciudadanía conoce sobre democracia digital y lo que espera de ella. Solo un 22% de los encuestados afirma conocer mucho o bastante qué es la democracia digital, mientras que un 43% reconoce tener poco conocimiento sobre el concepto.
Sin embargo, la percepción sobre su potencial es mayor: un 46% considera que la democracia digital puede contribuir mucho o bastante a mejorar la participación ciudadana. El dato apunta a una oportunidad, pero también a un reto: la ciudadanía parece estar dispuesta a explorar nuevas formas de participación antes incluso de tener un conocimiento profundo sobre las herramientas que las hacen posibles.
La confianza sigue siendo la gran asignatura pendiente
Las plataformas digitales ya forman parte de la conversación política cotidiana, pero no necesariamente generan confianza. Solo alrededor de un tercio de los encuestados afirma confiar mucho o bastante en las plataformas online para expresar sus opiniones políticas, mientras que un 46% manifiesta confiar poco en ellas.
A esto se suma una percepción de desigualdad en el acceso a la información: aproximadamente la mitad considera que la información sobre democracia digital llega poco a todas las personas de manera equitativa y un tercio considera que no llega de forma equitativa.
El estudio muestra así una tensión central: las mismas herramientas que pueden ampliar la participación también pueden generar dudas sobre quién accede a la información, quién controla los espacios digitales y bajo qué reglas funcionan.
Tecnología sí, pero con transparencia
La transparencia aparece como uno de los elementos con mayor potencial para reforzar la confianza. Un 59% de los encuestados afirma que la tecnología ha facilitado mucho o bastante su acceso a información sobre candidatos y políticas. Al mismo tiempo, un 55% considera que una mayor transparencia en el uso de la tecnología electoral reforzaría mucho o bastante la confianza en el proceso democrático.
La investigación refleja además un amplio respaldo a la necesidad de establecer reglas sobre el uso de los datos personales en procesos democráticos y sobre el funcionamiento de las plataformas en relación con el contenido político.
El voto digital todavía genera más preguntas que certezas
La incorporación de tecnología al voto es otro de los ámbitos en los que aparece con claridad esta combinación de interés y cautela. La mayoría de los encuestados nunca ha utilizado herramientas digitales para votar y un 73% considera que el voto online es seguro pocas veces o nunca.
Sin embargo, el rechazo a su posible implantación no es absoluto: un 39% afirma que le gustaría que el voto digital se implementara mucho o bastante en su país, es decir, existe interés por explorar nuevas formas de participación, pero la confianza en las garantías de esos sistemas todavía no está consolidada.
Las redes sociales: mucha información, poca confianza
Las redes sociales ocupan ya un papel central en la información política. Un 69% de los encuestados afirma utilizarlas mucho o bastante para informarse sobre temas políticos y solo un 8% dice no utilizarlas nunca.
Pero esa utilización no se traduce necesariamente en confianza: un 63% considera que las redes sociales fomentan poco o nunca un debate político constructivo, mientras que más de la mitad tampoco las percibe como un espacio seguro para expresar opiniones políticas.
El resultado plantea una cuestión de fondo: la democracia digital no puede medirse únicamente por la cantidad de tecnología disponible, sino también por la calidad del entorno democrático que esa tecnología genera.
Y ahora entra en escena la inteligencia artificial
La llegada de la inteligencia artificial añade una nueva dimensión a este debate. Si las redes sociales, las plataformas digitales y las nuevas herramientas de participación ya han transformado la relación entre ciudadanía, información e instituciones, la IA plantea ahora preguntas todavía más profundas: '¿quién decide qué información vemos?', '¿cómo se generan y verifican los contenidos?', '¿cómo distinguimos información de manipulación?', '¿qué nivel de transparencia exigiremos a los sistemas que intervengan en procesos democráticos?'
La cuestión ya no es únicamente si la tecnología puede hacer la democracia más participativa. La cuestión es si seremos capaces de construir una arquitectura tecnológica en la que los ciudadanos puedan confiar.
La Fundación Liderar con Sentido Común abre este debate en su III Congreso Mundial
Precisamente para abordar estos desafíos, la Fundación Liderar con Sentido Común celebrará los próximos 28 y 29 de octubre de 2026 el III Congreso Mundial sobre Democracia Digital, Directa y Participativa: 'La arquitectura de la confianza'.
El encuentro reunirá durante dos jornadas a expertos y profesionales para analizar cómo la tecnología está transformando la democracia y qué condiciones son necesarias para que esa transformación contribuya a una participación ciudadana más abierta, transparente y cercana.
Será un congreso online, gratuito y con diploma de participación.
La pregunta que lo articula es sencilla, pero decisiva: '¿Puede la IA generar confianza para el futuro de la democracia?' La respuesta no depende únicamente de la tecnología.
"Depende también de las reglas que establezcamos, de la transparencia que exijamos y de la capacidad de los ciudadanos para comprender y participar en los nuevos sistemas que están transformando la vida democrática".




