A dos años de haber llegado a la presidencia de México, Claudia Sheinbaum ocupa un lugar que pocos jefes de Estado pueden reclamar en el mundo actual: gobierna con una aprobación cercana al 70%, cuenta con mayoría en ambas cámaras, su movimiento ejerce un amplio control territorial y enfrenta una oposición incapaz de articular una alternativa creíble. En un momento global marcado por liderazgos erosionados por la inflación, la inseguridad, la fatiga democrática y la desconfianza institucional, esta combinación convierte a la presidenta mexicana en una rareza política.

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