Damos por sentado que todos los padres quieren a sus hijos. Y, desgraciadamente, no siempre es así. Me encantaría decir lo contrario. Por lo menos, sí que podemos decir que algunos no quieren a sus hijos como ellos necesitan que les quieran. El problema es que a veces confundimos amor con control, es decir, nos dirigimos a ellos de una manera que parece afectuosa y protectora cuando, en realidad, les estamos controlando y sometiendo. Confundir cariño con control es más frecuente de lo que imaginamos. ¿Y por qué sobreprotegemos a nuestros hijos y les controlamos? Generalmente por nuestros propios miedos y angustias.

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