Este lunes, Chile, Argentina, Uruguay y Brasil oficializaron su candidatura conjunta para ser sede del Mundial de Rugby de 2035. Las respectivas federaciones, lideradas por la unión transandina, presentaron a World Rugby la información técnica dentro de los plazos establecidos por el organismo internacional.
El anuncio de las sedes para la cita se llevará a cabo en noviembre del próximo año. Antes de ello, se debe presentar documentación y se realizarán las visitas a las naciones aspirantes, mientras que en mayo se informará cuáles son las sedes preferidas. La decisión la tomará el Consejo de World Rugby.
La candidatura contempla que los cuatro países, con una población combinada de 283 millones de personas, reciban partidos. Así, Argentina será la nación que presente la mayor cantidad de escenarios.
Los estadios presentados son el Monumental y el José Amalfitani en Buenos Aires, el Estadio Único Diego Armando Maradona en La Plata, el Mario Alberto Kempes en Córdoba, el Estadio Único Madre de Ciudades de Santiago del Estero, el Padre Martearena en Salta, el Malvinas Argentina de Mendoza, y el Gigante de Arroyito de Rosario.
Por su parte, Chile ofrece el Estadio Nacional; Brasil, el Maracaná y Uruguay, el Centenario. “Es un honor absoluto haber suscrito toda la documentación para formalizar la postulación para albergar la Rugby World Cup 2035, en una alianza histórica liderada por Argentina, con Chile, Brasil y Uruguay como subsedes. Ver a los Cóndores y a nuestra nación integrando este proyecto de clase mundial nos llena de un orgullo indescriptible y consolida el crecimiento exponencial de nuestro deporte. Esta candidatura trasciende las fronteras: representa el sueño compartido de todo un continente unido por la pasión, los valores y el amor por el rugby”, señala Cristián Rudloff, presidente de Chile Rugby.
“La presentación de la candidatura para ser sede de Rugby World Cup demuestra cómo está unida nuestra región, trabando juntos, persiguiendo objetivos comunes. Estamos seguros de que hemos hecho todo lo necesario para convencer a World Rugby y a Rugby World Cup de todo lo positivo que ofrecemos para ser sede”, complementa Marcello Calandra, presidente de Sudamérica Rugby
“Contamos con el apoyo de nuestros gobiernos nacionales, estatales y las comunidades de rugby de los cuatro países que han empujado con enorme pasión”, añade.
Félix Páez Molina, timonel de la Unión Argentina de Rugby, plantea que “la presentación de esta candidatura representa un paso muy importante para el rugby argentino y para toda la región”.
“Tenemos la oportunidad de mostrarle al mundo nuestra pasión por este deporte, nuestra capacidad para organizar grandes eventos y todo lo que nuestros países pueden ofrecer. Es un desafío que asumimos con la profunda convicción de que nuestra región se merece una oportunidad de esta magnitud. Es un proyecto que nos entusiasma y que estamos construyendo junto a las uniones de la región y Sudamérica Rugby, con la aspiración de que, por primera vez, una Rugby World Cup pueda disputarse en esta parte del mundo. Recibir un Mundial en nuestra región es una deuda pendiente y confiamos en ser un candidato ideal”, destaca.
Cultura rugbística
Los Pumas argentinos han disputado todos los mundiales desde el primero, en 1987, llegando a tres semifinales y finalizando terceros en 2007.
Uruguay jugó por primera vez en 1999 y en 2027 jugará su sexta Rugby World Cup mientras que Chile disputará su segundo Mundial consecutivo el año próximo en Australia. Por su parte, Brasil participó por primera vez en la Rugby World Cup Femenina en 2025.
Por otro lado, el Mundial de Rugby en su última edición atrajo a más de 2.3 millones de espectadores a los partidos y generó 1.330 millones de horas de visualización; su éxito comercial se tradujo en un superávit récord de 472 millones de libras esterlinas, destinado a la reinversión en el deporte.
El evento ha demostrado sistemáticamente los beneficios de albergar el torneo, dinamizando las economías locales y generando un impacto duradero. De hecho, la última edición generó un gasto de 1.800 millones de euros y un beneficio económico neto de 871 millones para Francia, impulsando cambios sociales positivos mediante iniciativas comunitarias y actividades dirigidas a los aficionados.





