“Derrotemos al patriarcado”. “Cornell protege a los violadores y expulsa a los manifestantes”. Con pintadas como estas ha amanecido este lunes la fachada del Day Hall, uno de los edificios de oficinas administrativas de la Universidad de Cornell. Es la última muestra de la frustración entre muchos estudiantes por un caso que ha estremecido no solo a esta universidad de élite del Estado de Nueva York, sino a todo Estados Unidos, un país que ve con inquietud cómo la violencia sexual contra las mujeres en los campus universitarios es un problema estructural al que no encuentra solución.

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