Laura Fernández, presidenta de Costa Rica, ha inaugurado este miércoles el llamado Centro de Alta Contención de la Criminalidad Organizada (CACCO), una megacárcel con capacidad de recibir a 5.100 privados de libertad en condiciones de máxima seguridad con el objetivo de aislar a las bandas de narcotraficantes. El Ejecutivo costarricense intenta de esta manera consolidar su política de mano dura, eje central de la propaganda gubernamental ante la crisis de seguridad, que desde hoy tiene como símbolo el enorme centro penal adaptado del modelo de Nayib Bukele.

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