*Everyone gets everything they want - Tom Morello
Mientras veía en las noticias las redadas del ICE en Los Ángeles, California, el siempre inquieto Tom Morello llamó a Serj Tankian, de System of a Down. Junto a él, trabajó un tema construido a partir de un riff de su hijo Roman.
Así dieron forma a la flamígera y directa Adjourn It. “Haz que paguen por sus crímenes, aplázalo/Nunca compres sus mentiras racistas, desentiérralas”, dice la letra. En los días en que Ed Sheeran intenta zafar del hecho de no expresarse políticamente, el rockero más militante de todos presenta un disco visceral que invita a la acción. En la canción que le da título, descerraja un riff que podría sonar como un descarte de RATM, al borde del abismo, con la urgencia de quien desea expandir su mensaje. En la intensa Soldier in the army of Love invoca a Zach de la Rocha rapeando una letra sobre un machacante riff, contrastado por un gran coro que evoca a Power to the People, el himno de la era más comprometida de Lennon. La idea es buena, pero algo cliché.
Mientras que en Uncoquered, la colaboración con los irlandeses Kneecap le da un momento de frescura al disco y su solo pasado por el pedal Whammy lo hace sonar absolutamente a Morello. No todo es guitarra a todo volumen; el piano con aire a October de U2 conduce I am not yours to command y la guitarra acústica de The last rung on the ladder conecta a Morello con Woody Guthrie y Víctor Jara, acaso en un guiño a la tradición protesta. Desde su barricada de riffs y amplificadores a tope, Morello hace honor a su legado (Felipe Retamal).
*Amor en la Niebla - Denisse Malebrán
Antes de hacerse de un nombre como cantante de Saiko, evocando un pop oscuro y maquinal, Denisse Malebrán conoció de primera mano la canción popular, gracias a los ensayos en su casa del conjunto folclórico que integraba su madre. Y aunque no estaba en sus planes inmediatos, se permite tomar la bifurcación de su habitual sonido de inspiración británica para publicar su primera colección de canciones en clave latinoamericana. Desde la entrada con la suave Hojas que quedan, solo con el acompañamiento de Nacho Barrientos en la guitarra, es claro además que se trata de un material despojado. Por ello, Malebrán explora los linderos de su capacidad como intérprete.
Sorprende en la Cueca de las hermanas, cantándola como una canción romántica, algo así como cruzando La Jardinera con Lo que mereces. La expansión latinoamericana alcanza para explorar el bossa en la cálida Que pena que no, con una clara influencia de Insensatez de Tom Jobim. También transforma Por ti, una canción melancólica que en el camino suma guiños al tango, en un ejercicio sorpresivo sin usar demasiados recursos. Y abre una ventana al pop en Ay Amor, la canción junto a Piero Duhart de De Saloon (en su segunda colaboración del año). En suma, un disco sorpresivo, intimista y de sonido terroso, como para escucharlo con un vino navegado (Felipe Retamal).
*Castillo Ilabaca, Vol.1 - Pablo Ilabaca y Lucho Castillo
Pablo Ilabaca declara una estadística impresionante. Aunque su faena como integrante de Chancho en Piedra por momentos monopoliza su biografía, el músico es uno de los más versátiles de la escena chilena en las últimas tres décadas, con composiciones para series, teatro, iniciativas infantiles como 31 Minutos y Horacio y Los Plasticines, y su capacidad para desdoblarse en proyectos como Jaco Sánchez y los Jaco.
Su propio debut en solitario de 2021, Canciones para conversar con la muerte, lo exhibe en una faz completamente distinta al rock y al funk, acariciando la canción humorística con dosis de picardía en su versión para El guarisnaque, de Los Caporales.
Este 2026 Ilabaca ha dado rienda suelta a su amor por otros lenguajes y ha retomado un antiguo anhelo con el folclorista sureño Lucho Castillo, con quien desde hace dos décadas amasaba el plan de concebir un disco: el resultado es Castillo-Ilabaca Vol.1, una colección de canciones que viajan al antiguo folclor chileno, abrazando voces campesinas, rasgueos envalentonados y otros más delicados, trotes nortinos, tonadas, cuecas y piezas salpicadas de humor. Castillo viene de la canción de raíz pero ama el rock, mientras que Ilabaca viene de las guitarras eléctricas pero siempre estuvo flechado por el cancionero tradicional: era el momento de que ambos se encontraran. Un disco ideal para este mes, pero también para confirmar a dos talentos en perfecto equilibrio, con Ilabaca como un nombre de nuestro catálogo en constante e inquieta búsqueda (Claudio Vergara).





