Sufrir un accidente en el camino y enfrentarse a una llanta ponchada es una de las situaciones más estresantes para cualquier conductor. Aunque lo primordial ante tal emergencia es buscar un lugar seguro para orillarse y detener la marcha, no siempre es posible.

Eso hace que sea inevitable tener que continuar conduciendo unos metros o kilómetros más para encontrar un sitio adecuado, y realizar el cambio o recibir asistencia vial.

Sin embargo, ¿qué distancia se podría recorrer? Aquí te compartimos las recomendaciones de los expertos.

¿Qué distancia se puede recorrer con una llanta ponchada?

Cuando ocurre un ponchadura, la tentación de seguir manejando hasta llegar a un destino conveniente o a un taller mecánico puede ser grande, pero los riesgos lo son aún más.

De acuerdo con los expertos de Romo Car Maintenance, es posible conducir bajo estas condiciones por un tramo de hasta 10 kilómetros, siempre y cuando se circule a velocidades muy bajas.

El propósito de ese límite de distancia es llegar a un lugar seguro para estacionarse y evitar quedar varado en medio de carriles centrales o zonas de alto riesgo.

Pero entre menor sea la distancia recorrida, mucho mejor para aumentar las probabilidades de reparar el neumático, y no tener que comprar uno nuevo.

Durante el trayecto de emergencia, la técnica de conducción debe ser muy específica. Los expertos sugieren emplear estos tips:

  • Soltar el acelerador para permitir que el auto vaya descendiendo de velocidad por sí mismo, manteniendo el control absoluto mediante un agarre firme del volante.
  • La dirección intentará jalar hacia el lado donde se encuentra el daño, por lo que la misión principal será contener ese jalón para conservar el rumbo recto.
  • En caso de necesitar detener el vehículo, se podrá pisar el freno, pero siempre de forma muy suave y progresiva.
Conduce a velocidades bajas con una llanta ponchada para prevenir accidentes mayores. Foto: Unsplash

5 riesgos de conducir con una llanta ponchada

Continuar manejando con un neumático implica riesgos que van más allá de una simple incomodidad en el manejo, por ejemplo:

Destrucción total de la llanta

Según explica Michelín, al rodar sin la presión adecuada, la estructura interna de la rueda se deforma de manera irreversible bajo el peso del vehículo, provocando que la banda de rodamiento y los costados se desarmen por completo.

Daños al rin

El peso del automóvil descansa directamente sobre los bordes metálicos del rin, pero en una llanta ponchada puede ocasionar deformaciones graves, grietas o la ruptura de la pieza.

Menor control del vehículo

La falta de estabilidad en un eje del coche altera la dirección y la capacidad de respuesta, incrementando el riesgo de sufrir un percance vial, derrapar o invadir carriles contrarios.

No siempre es seguro reparar todas las llantas ponchadas. Foto: Freepik

Afectaciones a la suspensión y dirección

Los impactos directos y la vibración extrema desalinean el sistema de suspensión, dañan los amortiguadores, las rótulas y los componentes de dirección, generando averías mecánicas más costosas, tal como lo indica Servimax.

Accidentes graves

Un neumático dañado reduce la eficacia de frenado y la conducción en general, convirtiendo al vehículo en un peligro tanto para sus pasajeros como para los demás conductores o peatones.

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