Pensar en ella puede provocar escalofríos, arquear cejas o despertar traumas que creíamos sepultados. Desde sentir sobre nosotros la sombra de Errol Flynn caracterizado como Robin Hood a sacudir una nostalgia noventera personificada por Johnny Depp o Brad Pitt. La perilla, esa delicada y sospechosa línea de pelo que conecta el bigote con la barbilla mientras deja las mejillas pulidas, vivía desterrada en el limbo de los desatinos capilares. La asociábamos automáticamente con músicos de rock alternativo de baratillo, con hombres en plena crisis de la mediana edad o con villanos de ficción. Sin embargo, el algoritmo capilar ha vuelto a sacudirse y la profecía se ha cumplido: la perilla está oficialmente de vuelta en las calles y en las pasarelas. El responsable directo de este terremoto estético que divide al personal entre el aplauso y el espanto tiene nombre y apellido: Jacob Elordi.

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