Una de las principales conclusiones que nos deja el Índice Mundial de Innovación 2026 (GII, por su sigla en inglés) es que Chile tiene capacidades para innovar. El desafío es lograr que esas capacidades se conviertan en tecnologías, empresas, productividad y crecimiento.

Chile mantiene el liderazgo latinoamericano y ocupa el lugar 51 a nivel global. Pero detrás de esa posición aparece una brecha relevante: somos 41° en “insumos” o “inputs” de innovación, es decir, las capacidades y condiciones que permiten innovar; y caemos al puesto 70 cuando se miden los resultados o “outputs”.

La distinción importa. Tenemos universidades, investigadores, infraestructura, acceso a tecnología, talento y una significativa capacidad para publicar en revistas científicas de alto prestigio. Sin embargo, somos menos eficaces al transformar esas capacidades en productos, tecnologías, empresas, propiedad intelectual, productividad y exportaciones intensivas en conocimiento. El GII identifica una debilidad en la conexión entre conocimiento, empresas, financiamiento y mercados.

Esa fotografía global tiene un correlato concreto en nuestra principal industria. Un reciente estudio sobre el Ecosistema de Tecnología en Minería, desarrollado por Expande FCh, en colaboración con Spencer Stuart, McKinsey & Company y cuatro compañías mineras; llegó a una conclusión similar. Con 180 respuestas de empresas de base tecnológica vinculadas a la minería, además de entrevistas y sesiones de trabajo con proveedores y compañías del sector, la investigación abordó cinco etapas del proceso de innovación, desde el levantamiento de desafíos y la búsqueda de soluciones hasta el escalamiento industrial y comercial. El objetivo fue identificar dónde se concentran las barreras que dificultan la incorporación de nuevas tecnologías a las operaciones mineras.

El estudio mostró que la mayor dificultad aparece en la etapa de conceptualización de proyectos, donde debe dejar de ser una propuesta para transformarse en un proyecto concreto, con caso de negocio, indicadores de éxito y condiciones de implementación definidas. El 87% de las empresas tecnológicas encuestadas ha recurrido a fondos propios para financiarse y solo un 6% declara haber utilizado capital de riesgo.

Entre las empresas en etapa de pilotaje, el 55% tardó más de un año en pasar desde la conceptualización hasta ejecutar el primer piloto en faena y solo un 44% contó con un sponsor dentro de la compañía minera. Entre las empresas con tecnologías maduras, el principal obstáculo para escalar son los procesos de compra y contratación poco adaptados a soluciones emergentes.

Esto es consistente con el diagnóstico internacional: uno de los grandes desafíos de la innovación no está solo en inventar, sino en industrializar, adoptar y escalar. Para ello se requiere financiamiento adecuado a cada etapa, infraestructura de prueba, transferencia tecnológica y, sobre todo, demanda.

Ahí existe una oportunidad para Chile. Tenemos sectores productivos de clase mundial capaces de convertirse no solo en usuarios de tecnología, sino en plataformas para desarrollar, validar y escalar innovación creada en el país. La minería es un sector que puede cumplir ese papel, como también industrias como la forestal y acuícola. Las compañías mineras identificaron las barreras que hoy dificultan la adopción y absorción tecnológica. Los proveedores tienen la pasión por generar mejores productos y servicios. Solo falta conectar estos cabos sueltos.

Chile no parte de cero. Hemos construido una base relevante de capacidades. Nuestra tarea ahora es conectar mejor investigación, empresas, financiamiento y mercado para que más conocimiento se convierta en soluciones, productividad, empleo y nuevas fuentes de crecimiento.

Por Hernán Araneda, gerente general de Fundación Chile