Lochiel, Arizona.— El último de un grupo de antiguos álamos que se encontraban en la zona fronteriza de Lochiel, Arizona, fue derribado este lunes para permitir la continuación de las obras de un doble muro fronterizo con México.

El árbol, conocido por los activistas como “La Abuela”, tenía una antigüedad estimada de entre 200 y 250 años y permanecía bajo vigilancia permanente desde finales de julio, cuando defensores del medio ambiente instalaron un campamento para impedir que la maquinaria utilizada en la construcción de la barrera llegara hasta él.

La mañana de este lunes, alrededor de las 06:30 horas, agentes de la Patrulla Fronteriza ingresaron en la zona donde permanecían los manifestantes y comenzaron a detener y desalojar a quienes protegían el árbol.

El operativo ocurrió mientras los activistas participaban en una ceremonia de oración al amanecer que realizaban diariamente para proteger el lugar. De acuerdo con reportes de medios locales, los agentes despejaron el área y posteriormente trabajadores de la empresa contratista ingresaron con maquinaria para derribar el álamo.

Activistas intentaron detener el derribo

La protesta había comenzado después de que otros tres álamos de la misma zona fueran derribados durante el avance de las obras. A partir del 29 de julio, los manifestantes instalaron un campamento y comenzaron a ocupar el árbol por turnos.

Durante aproximadamente 70 días, al menos una persona permaneció de manera constante en el álamo para impedir su derribo. La movilización también recibió el respaldo de activistas indígenas y de organizaciones ambientalistas que denunciaron el impacto de la construcción sobre el ecosistema del valle de San Rafael.

KJZZ reportó que al menos 10 personas fueron arrestadas y otras 10 recibieron citaciones y fueron liberadas. Entre los detenidos se encontraba una persona que permanecía en el árbol y que fue retirada mediante una grúa antes de que concluyera el derribo.

Un árbol de siglos en medio del muro

“La Abuela” formaba parte de un antiguo grupo de álamos de Fremont ubicados en el Valle de San Rafael, una región considerada de importancia para la biodiversidad del sur de Arizona.

Organizaciones ambientalistas han señalado que estos árboles proporcionan sombra, alimento y refugio para distintas especies, además de formar parte de un ecosistema ribereño asociado con el río Santa Cruz.

En junio, la Oficina de Aduanas y Protección Fronteriza de Estados Unidos (CBP) había informado que cuatro álamos serían retirados para permitir la construcción de la barrera y que otros árboles serían podados para facilitar el trabajo de la maquinaria.

Tras el derribo de los cuatro ejemplares identificados por las autoridades para su remoción, CBP confirmó que los árboles ubicados en terrenos federales y marcados para ser retirados por el proyecto ya habían sido eliminados. La agencia sostuvo además que había realizado revisiones ambientales y que no se habían encontrado nidos activos de aves migratorias en los árboles destinados a la remoción.

La protesta también llegó al lado mexicano

La movilización adquirió una dimensión binacional debido a que otros álamos se encuentran del lado mexicano de la frontera.

Activistas estadounidenses y mexicanos realizaron acciones para llamar la atención sobre el impacto de la obra en el ecosistema compartido del Valle de San Rafael. Incluso se instaló una protesta en otro árbol situado del lado mexicano, frente a la zona donde se desarrollaban los trabajos estadounidenses.

Erick Meza, coordinador de tierras fronterizas del Sierra Club, advirtió que los contratistas también contemplan intervenir otro álamo ubicado en la línea fronteriza, aunque esta posibilidad debe mantenerse como una advertencia de los activistas y no como un derribo ya confirmado.

Continúa la construcción del doble muro

La tala de “La Abuela” permitirá que continúe el proyecto de construcción de dos barreras paralelas de acero en esta zona de la frontera entre Arizona y Sonora.

Lochiel se encuentra aproximadamente a 25 millas al este de Nogales, Arizona, en el Valle de San Rafael. La región es considerada un corredor de vida silvestre y ha sido identificada por grupos conservacionistas como un área de importancia para distintas especies.

Para los activistas, la caída del último árbol representa no sólo la pérdida de un ejemplar de varios siglos de antigüedad, sino también el cierre de una protesta que durante más de dos meses consiguió detener temporalmente las obras en ese punto de la frontera.

La construcción, sin embargo, continuará en la zona.