Más de 400 son las especies de aves que residen o pasan buena parte de su vida en Chile, así que, en un ejercicio naturalista y patriótico —y como no es prácticamente imposible poner el foco en todas las criaturas al mismo tiempo— en La Cuarta le pedimos a distintos estudiosos y/o observadores pajarísticos que eligieran “cinco aves chilenas que debería conocer todo Chile”.
Entregadas la distintas selecciones de cada persona consultada, el diario pop elaboró un ranking con todas las especies mencionadas, desde la que obtuvo más votos hasta las que fueron mencionadas sólo una vez. Esta es la lista completa con las razones entregadas por los distintos estudiosos y amantes ornitológicos:
1) Picaflor de Arica — 10 votos
Eulidia yarrellii es endémico del extremo norte, o sea, sólo reside en Chile, principalmente en la Región de Arica y parte en la de Tarapacá. “Habita en los valles como Chaca, Azapa y Camarones, donde la fragmentación de su hábitat exige un esfuerzo urgente de conservación”, advierte Jurgen Schulmeister, guía naturalista de Far South Expeditions. Posee “la distribución más restringida de las aves del sur del continente”, indica Lucas Quivira guía de Albatross Birding en Chile.
Este picaflor está en Peligro crítico de extinción, según la UICN. “Es responsabilidad de todos protegerlo, para que lo puedan conocer las próximas generaciones”, llama Rodrigo Barros, presidente de la Red de Observadores de Aves y Vida Silvestre (ROC): “Si todo Chile lo conoce, tenemos un poco de chance para que sobreviva”. Jorge Tomasevic, gerente de conservación para alianzas estratégicas de Audubon Chile, también remarca ese diagnóstico: “Lamentablemente está al borde de la extinción por presiones humanas”.

Además de ser la “más amenazada”, se trata del “ave más pequeña del país”, declara Francisca Izquierdo, directora de la Unión de Ornitólogos de Chile (Unorch). Mide tan solo unos 7 cms y no supera los 3 gms, así que es la más liviana de Chile también. “Creo que es un pajarito que la gente no ve; no es un ave carismática, no tiene un canto intenso, es pequeñito y se puede confundir con otras especies”, analiza Daniel Martínez-Piña, autor de la guía Aves de Chile (Museo Ediciones, 2026).
De hecho, el tamaño de este colibrí “lo hace parecerse más a un abejorro que a un ave”, compara María Angélica Vukasovic, coordinadora del Laboratorio de Ecología de Vida silvestre de la U. de Chile.
El macho presenta una garganta tornasol de tonos morados, mientras que la hembra se encarga de construir el nido, el cual “es muy pequeño, como un dedal, y lo ubica en ramas colgantes de olivos y pimientos”, la ornitóloga y también colaboradora de la Unorch. “Con su vigoroso aleteo cumple su importante rol de polinizador”, destaca también Pablo Martínez, ornitólogo revisor en la Región Metropolitana del sitio e-Bird.
Verónica Araya, guía de observación pajarera en Arica, remata: “Creo que es el ave que todos debieran conocer”.

2) Turca — 7 votos
Pteroptochos megapodius también sólo habita en Chile, entre las regiones de Atacama y el Maule. “Además, es un ave muy carismática, es grande, de hábitos principalmente terrestres y tiene un distintivo ‘bigote’ blanco en la cara”, describe Gabriela Contreras, coordinadora del Programa Aves Acuáticas y Humedales de la ROC, sobre este integrante de la familia Rhinocryptidae, popularmente conocidos como “tapaculos”, que suelen tener tener hábitos bastante terrestres entremedio de la vegetación.
“Quizás lo más llamativo es que, pese a su tamaño, muchas veces es más fácil escucharla que verla”, agrega Contreras.
“Su canto potente representa al valle central de Chile”, destaca Heraldo Norambuena, investigador del Centro Bahía Lomas de Universidad Santo Tomás, mientras que Barros califica sus entonaciones como “la música incidental de las laderas y cerros” mediterráneos. “Todo aquel que se adentra por laderas, serranías y quebradas de Chile central y que escucha su potente y omnipresente canto, debiera conocer al dueño de la voz”, agrega Eduardo Pavez, expresidente de la Unorch y fundador del Centro de Rehabilitación de Aves Rapaces (CRAR).
En tanto, César Piñones, profesor de biología y parte del directorio de la ROC, sobre la conducta terrestre de la turca, dice que “verla inquieta caminando a gran velocidad, con sus largas patas, siempre es una alegría”.
Daniel Martínez, al elegir, también se enfoca en la faceta musical de esta especie: “Si de identidad se trata, yo creo que habitar un territorio tiene que ver con la existencia, con la percepción y las emociones”, y destaca que “ese canto de varias notas descendentes que se escuchan en la montaña, sin que veamos al pájaro, es sin duda, para mí, un elemento esencial del paisaje sonoro de nuestro país”.
“También me parece interesante que todavía conocemos relativamente poco sobre algunos aspectos de su historia natural, como sus requerimientos específicos de hábitat y varios aspectos de su comportamiento”, añade Contreras. “Es una especie muy chilena, particular y que vale la pena conocer también por su singularidad”.
César Muñoz, magíster en Biología de la U de Chile y también de la ROC, también piensa en esta ave entre sus elegidas, pero también selecciona a una pariente de la turca, aunque este es un habitante que aparece más al sur...
3) Chucao — 4 votos
“Es el canto de los bosques del sur”, declara Norambuena sobre Scelorchilus rubecula, que habita desde la cordillera de la Región de O’Higgins hasta Aysén. “Es tan icónico que como no lo vas a conocer: es un pájaro que todos lo deberían conocer recorriendo Chile”, remarca César Muñoz.
“Aunque muchas veces cuesta verlo entre la vegetación, tiene un canto increíblemente fuerte y reconocible”, describe Fernando Díaz, director de Albatross Birding. “Su canto es la música incidental del bosque de robles y coihues”, detalla Rodrigo Barros.
4) Chorlo de Magallanes — 4 votos
Pluvianellus socialis es el único representante de la familia Pluvianellidae, que habita en “habita en las lagunas salobres de la estepa patagónica y costas del estrecho de Magallanes”, e incluso en Tierra del Fuego. Heraldo Norambuena dice que “representa la estepa patagónica, aunque está amenazado”.
“No se ve, no se conoce, pasa inadvertido en el territorio, y es un ave extraordinaria”, destaca Daniel Martínez. Schulmeister dice que esta criatura tiene conductas “fascinantes que recuerdan a tórtolas y palomas pero adaptadas a ambientes playeros, constituyendo un verdadero enigma evolutivo”. Y Nicole Arcaya, revisora de e-Bird y guía de BirdsChile, detalla que “ambos padres alimentan a sus pollitos con un regurgitado, parecido a las palomas”.

5) Pingüino de Humboldt — 4 votos
Spheniscus humboldti, porque “es un pingüino asombroso”, destaca Eduardo Pavez sobre esta ave marina que —a diferencia de la mayoría de sus parientes de la familia Spheniscidae— habita en latitudes cálidas, aunque bajo el régimen de la fría corriente que evoca al gran Alexander Humboldt, “referente de muchos otros grandes naturalistas del siglo XIX como el mismo Charles Darwin, cuyo viaje alrededor del mundo estuvo fuertemente marcado por su paso por Chile”, detalla.
Carolina Yañez, bióloga marina y co-fundadora Fundación Lontra, califica a este pingüino como “uno de los más carismáticos y que más ternura nos genera”, más al considerar que es “torpe en tierra, pero un maestro del océano”; y en vista de que no vive hábitats dominados por el hielo “construye cavidades para poner sus huevos”, describe.

Para Tomasevic, esta ave marina también tiene alto carisma por su valor de conservación e identidad con la costa”, además de ser “capaz” de habitar desde zonas sub-tropicales (principlamente Perú) hasta latitudes templadas-frías en el sur de Chile (Chiloé)“; y lo califica como ”un centinela de la condición de nuestros océanos".
Quivira comenta que, al menos en Chile, “se pueden ver pingüinos con relativa facilidad desde la costa”, ya que “es endémico de la Corriente de Humboldt, donde se alimenta de peces y calamares”. Y el guía pajarístico advierte que “la especie está amenazada por la pesca comercial, la caza y el comercio de animales vivos”.
6) Aguilucho de cola rojiza — 3 votos
Buteo ventralis es una rapaz única de los bosques templados australes, que se la encuentra principalmente de manera escasa hasta la Región de Valparaíso y mayor cantidad hacia el sur hasta Magallanes, y con menor presencia en Argentina, por lo que es “cuasi endémica” de Chile.
Se trata de un súper depredador “estrechamente ligado a la presencia de bosques”, indica Pablo Martínez, lo que la vuelve “la rapaz con mayor problema de conservación en nuestro país” debido a la pérdida de hábitat, según complementa Schulmeister: “Por lo que resulta clave ponerla en valor como un emblema de la protección de nuestro patrimonio natural”,manifiesta.

“Una de las rapaces más amenazadas de América, y en peligro a nivel global”, remata Quivira.
7) Chorlo chileno — 3 votos
Zonibyx modestus es un ave “emblemática de nuestras costas e intermareal”, destaca de entrada Schulmeister, y que tiene entre sus características que “para ser playeras son súper vistosas en sus plumajes”, agrega Verónica Araya.
“Nidifica en las pampas australes luciendo un vistoso plumaje reproductivo de tono rojizo que nos recuerda a nuestros colores patrios, para luego migrar hacia el centro y norte del país recorriendo playas y humedales”, describe Schulmeister su movimiento anual.
Esta especie pone sus nidos en el extremo sur, en los canales y la Patagonia chilena, incluso hasta en las islas Malvinas. Sus polluelos son nidífugos, es decir, apenas nacen salen a buscar su propia comida. Tras la temporada reproductiva, inicia su periplo hacia el norte con la misión de comer y “recuperar fuerzas en bandadas medianas, en los estuarios y costas de la zona centro-sur hasta el norte”, relata Vukasovic.
Sobre en qué anda este chorlo durante septiembre, Araya indica que “en este momento están agrupándose para volver a sus áreas reproductivas en la Patagonia”, así que sugiere a las personas residentes de la zona centro-sur que ”aprovechen de despedirse que los veremos en febrero del próximo año”.
8) Picaflor de Juan Fernández — 3 votos
“Pensar que en esas islas, en Juan Fernández o Alejandro Selkirk, existen especies únicas de ese territorio minúsculo en medio del océano”, reflexiona Daniel Martínez: “Y Sephanoides fernandensis, con su marcado dimorfismo sexual, con el color llamativo de los machos y bellezas de las hembras, creo son un elemento único”.
Norambuena también destaca el endemismo de este colibrí y lo califica como “uno de los más bonitos de Chile”. Contreras describe el “intenso color naranja canela” de los machos, mientras que las hembras son verdes y blancas, “por lo que durante mucho tiempo incluso se pensó que eran especies diferentes”, dice.
Ella también advierte que este está catalogado como En Peligro Crítico (UICN), ”principalmente por la pérdida y degradación del bosque nativo del que depende, junto con la amenaza de especies introducidas como gatos, ratas y otras especies invasoras”, enumera sobre el cóctel de dramas al que se enfrenta.

La integrante de la ROC indica que hoy la población de este picaflor sólo abarca “unos pocos miles de individuos, aunque históricamente fue mucho más abundante”, por lo que “para mí representa muy bien la riqueza y fragilidad de nuestra biodiversidad” y “cuya conservación depende de proteger uno de los ecosistemas más singulares y aislados del país”, manifiesta
“Si perdemos a estas dos especies, el de Arica o Juan Fernández, perderíamos algo único”, remata Martínez sobre estos integrantes de la familia Trochilidae.
9) Pato Cortacorrientes — 3 votos
Merganetta armata es un insigne habitante andino a lo largo de la cordillera de Sudamérica. ”¡Impresionante descubrir sobre un pato que es capaz de sobrevivir en los ríos más caudalosos de Chile!”, destaca José Ignacio Catalán, joven 17 años fotógrafo y fanático de las aves.
Pavez, en tanto, lo elige porque “es uno de los patos más hermosos y asombrosos del mundo, característicos de nuestros ríos claros y fríos de la Cordillera, capaz de vivir en aguas con corrientes descomunalmente poderosas, casi siempre contracorriente”, describe. Quivira agrega que esta especie surca las “frías aguas siendo un polluelo, a los pocos días de eclosionado el huevo”.
“La presencia de esta especie es indicadora de ríos saludables”, completa Pavez.

10) Flamenco chileno
Phoenicopterus chilensis “porque se puede ver en casi todo Chile y su nombre científico lleva el nombre del país”, dice Norambuena sobre este emblema rosado. “Es el que está en más partes, lo encuentras en el Norte, el Centro y el Sur; pero también está en varias partes (fuera de Chile”, coincide Muñoz, que también aprovecha de mencionar a la parinas grande (Phoenicoparrus andinus) y chica (Phoenicoparrus jamesi), que tienen una distribución más limitada y por lo tanto “son joyitas” nortinas.
Tomasevic también la perfila como un ave “icónica” que “desafía la noción de que los flamencos son exclusivamente tropicales, siendo el más abundante en Sudamérica”, que nidifica en la puna de los Andes centrales, o sea en Perú, Bolivia, Argentina y Chile); y que cada año migra hacia el sur, por lo que incluso aparece hasta la Región de Magallanes.

2 votos
Perdiz chilena
Nothoprocta perdicaria es endémica del centro-sur de Chile. “Si bien es un ave “conocida”, encuentro que aún hay muchos enigmas con esta especie”, dice Izquierdo, e incluso “hasta hace no mucho tiempo se podía cazar”, advierte. “Es muy conocida en el mundo rural, pero quizás no siempre valorada como una singularidad de nuestra fauna”, agrega Pablo Mass, fotógrafo y avistador de la Región del Biobío, que también teme que “es muy amenazada por cazadores”.

Albatros de ceja negra
Al mirar hacia altamar, aparece Thalassarche melanophris que “vuela enorme el blanco de los Albatros de ceja negra” y que se puede jactar del “mejor delineado de nuestro Océano Pacífico; y aunque el negro también lo adorna, es en el contraste que el blanco reina”, declama Carlos Silva, presidente de Fundación Rara Avis. Y con más de 4.000 kilómetros de costa hay “una enorme riqueza de aves marinas”, remarca Fernando Díaz, y dice sobre esta especie que “es uno de nuestros grandes gigantes alados, que a su juicio ”representa muy bien la libertad y la inmensidad de los océanos”.

Chorlo de campo
Oreopholus ruficollis es “una de las aves playeras migratorias que destaca por su elegante y bello plumaje”, describe Piñones. “Verlos en bandadas estimula la vista, abriendo una ventana al hermoso mundo de las aves de pastizal en Chile”, mientras que Arcaya les reconoce que “para ser playeras son súper vistosas en sus plumajes”.

Chorlito cordillerano
Phegornis mitchellii es una pequeña “que habita bofedales altoandinos y lugares anegados en zonas cordilleranas”, informa Araya, mientras que “su plumaje lo hace especialmente hermoso: cabeza negra con, ‘cintillo blanco’, cuello castaño rojizo y pecho blanco estriado de negro”. Mientras que Arcaya entrega una lección sobre su conducta: “Nadie te puede decir que hacer, este es un playero de montaña”. Y si bien en Chile “no es tan difícil verlo, ¡la cosa está en ir a buscarlo sin apunarse!”, remata sobre una esta especie Casi Amenazado.

Choroy
En antaño, Enicognathus leptorhynchus “era una mascota común”, recuerda Carolina Yañez sobre una “de las pocas especies de loros” de Chile, y que es la única endémica. Sobre su conducta y habilidades,”tiene el poder de abrir hasta las semillas más duras del bosque templado del sur”, le destaca. En tanto, Karla Díaz, joven divulgadora de Pajarones en Tour, advierte que sigue siendo “víctima de la domesticación y tenencia/venta ilegal.”

Chiricoca
Otra endémica: Ochetorhynchus melanurus. Es una “escurridiza entre las laderas escarpadas de las quebradas”, dice Piñones sobre esta residente del Norte chico y Centro de Chile, a pesar de que “su potente voz la delata entre los arbustos”, de hecho, su nombre es una onomatopeya de “su característico trino y chillido repetitivo”, detalla Schulmeister. Con suerte, si se la observa “destaca el elegante colorido y patrón de su plumaje”, plantea Piñones. Jurgen complementa que “vive exclusivamente asociada a roquedales y laderas áridas de nuestros paisajes cordilleranos”.

Concón
Strix rufipes es una ave nocturna “emblemática de nuestros bosques”, destaca Mass mientras que Yañez califica a este integrante de la fauna chilena como “el verdadero señor de las noche, con una vocalización que a las 3:00 AM te pone los pelos de punta”, asegura. En tanto, él dice que elegir al Concón “también permite hablar de la importancia de los bosques nativos maduros (Nothafagus) y de todo un mundo de aves que mucha gente escucha, pero rara vez logra”.
Cóndor andino
Vultur gryphus “tiene que estar en una lista del 18, por obvias razones, y también porque Chile y Argentina son los mejores lugares de Sudamérica para verlo”, destaca Muñoz, por ejemplo, “tenemos la gracia de que uno va a Farellones, maneja una hora y media y tienes cóndor”. Díaz que, al ser un país de montañas, probablemente se trate de “una de las aves que mejor representa este paisaje”, declara.
Sietecolores
Tachuris rubrigastra es “quizá es el más icónico, novedoso y que está en hartas partes de Chile”, plantea Muñoz sobre esta residente emblemáticos de los humedeles, nativo de los juncos y carrizales, que por lo llamativo de sus tonos no es no es tan difícil“ de observar, aunque sabe esconderse bastante bien entre la vegetación acuática. Tomasevic, además de su colorido, pone el foco en su ”increíble movilidad" y que se volvió “famoso” cuando lo eligieron para ser la mascota de los Juegos Panamericanos Santiago 2023, “Fiu”.
Fío-fío
Con su característica vocalización, siendo su nombre una onomatopeya de aquel sonido, Elaenia albiceps es un pajarito que migra todos los años cruzando la Cordillera de Los Andes hacia Chile. Así, durante septiembre anuncia la llegada de la primavera, llenando los campos, bosques y plazas de la zona Centro y Sur”, cuenta Barros, quien además confiesa que “en mi familia se juega todos los años a quién escucha el primer fio-fío”. Daniel Martínez expresa: “Si estuviéramos en el extranjero quizás soñaríamos con el canto del fío-fío en las tardes calurosas, las caminatas por los bosques y campos”, e incluso declara: “Para mí el regreso del fío-fío es mucho más intenso e importante en mi esencia y vida personal que un Año Nuevo: cada temporada es un momento de agradecimiento porque se cumple otro ciclo, porque la vida me ha permitido recorrer otro año (...) Creo que es un embajador del tiempo que transcurre y los años que te toca vivir”.
Carpintero negro
Campephilus magellanicus es “el carpintero más grande del continente y el tercero más grande del mundo; muy llamativo por su elegante presencia, colores y vocalización”, le destaca Quivira, mientras que Tomasevic le destaca ser el de mayor tamaño en Sudamérica y ser “un representante icónico de los bosques de Chile y el sur de Argentina”; y respecto a uno de los hábitos interesantes de esta especir, cuenta que “requiere de árboles muertos para alimentarse y nidificar”.

Torcaza
Patagioenas araucana es una paloma silvestre nativa de Chile, “hermosa, de gran tamaño, que estuvo al borde de la extinción, y ahora ha logrado recuperarse”, relata Pavez. “Me parece interesante dar a conocer a la paloma araucana, además que es muy linda”, completa Karla Díaz.

Zorzal
Turdus falcklandii está presente “en cada rincón verde, por pequeño que sea este sea en la ciudad”, reconoce Piñones sobre este adaptable pájaro, que además ejecuta “complejos trinos” que lo convierten en “un personaje infaltable de toda caminata”. Además, “detenerse a ver cómo obtiene su alimento es todo un espectáculo”, dice sobre sus picoteos en busca de pequeños invertebrados del suelo. “Tiene uno de los cantos más hermosos y familiares de las aves de Chile”, coincide Fernando Díaz.
Golondrina de mar pincoya
Oceanites pincoya “es una de las aves marinas más misteriosas de Chile y su nombre está ligado a la mitología chilota”, declara Contreras. La especie recién fue descrita oficialmente en el 2013 y, hasta hoy, no se sabe dónde pone sus nidos. O sea, si bien es una habitante del mar interior en torno a Chiloé y Reloncaví, “todavía no se sabe dónde va a tierra para criar”, remarca. A juicio de Schulmeister, esta especie “muestra el enorme misterio de los mares interiores y la geografía accidentada del sur, invitándonos a pensar en cuántas especies quedan aún por documentar en este territorio prístino”.

Golondrina de mar andina
Oceanites barrosi es en ave de alta mar que se reproduce en la cordillera de Los Andes de Chile Central, sobre los 3.000 metros, de hecho, entre primavera y verano realiza viajes nocturnos desde la costa a las zonas andinas. “Sus sitios de nidificación son aún un misterio”, admite Barros. “Miles de ellas pasan de noche volando sobre Santiago, sin que nos demos cuenta”. José Catalán también la elije “por toda la historia detrás de su descubrimiento como especie y su casi ‘ironía’ al llamarse de mar y nidificar en las altas cumbres”.

1 voto
María Angélica Vukasovic
Rayador (Rynchops niger): “Ave migratoria de larga distancia, que llega desde la desembocadura del río Amazonas y las costas de Colombia”.
Perico cordillerano (Psilopsiagon aurifrons): “Es el loro más pequeño que tenemos en Chile”.
Canastero chileno (Pseudasthenes humicola): “Se caracteriza por construir grandes ‘canastos’ en espinos y arbustos ramosos, donde hace su nido, que se pueden observar en los espinos y matorrales de la precordillera”.
Francisca Izquierdo
Tapaculo (Scelorchilus albicollis): “Su canto lo dice todo”.
Carlos Silva
Saca-tu-real (Pyrocephalus rubinus): “Decora los sembradíos de Azapa con su rojo furioso”.
Loica (Leistes loyca): “Su canto de cuchillo estremece los campos de Norte a Sur como en los tiempos de la Independencia”.
Mirlo (Molothrus bonariensis): “Por su tornasolado azul metálico, azul como el cielo donde descansa nuestra solitaria estrella”.
Cisne coscoroba (Coscoroba coscoroba): “Como buen chileno que es, es único y especial; una mixtura de anseriformes como mestizos somos todos en esta tierra”.
Eduardo Pavez
Loro tricahue (Cyanoliseus patagonus): “Es un ejemplo esperanzador de una especie que estuvo al borde de la extinción hace algunas décadas y que hoy se recupera con vigor”.

Pablo Mass
Huairavillo (Ixobrychus involucris): “Obliga a mirar los humedales más allá de las aves grandes y visibles, y porque su presencia habla de ambientes que muchas veces pasan desapercibidos o están amenazados”.
Nuco (Asio flammeus): “Depende de pastizales, vegas y terrenos abiertos, ambientes que suelen tener mucho menos reconocimiento en conservación que los bosques o humedales”.
Fardela blanca (Ardenna creatopus): “Es particularmente relevante para Chile porque toda su población reproductiva mundial nidifica en territorio chileno, principalmente en Isla Mocha y el archipiélago de Juan Fernández”.
César Muñoz
Chincol (Zonotrichia capensis): “Es el pájaro que todo chileno ha visto, tiene a mano y a veces ni sabe qué es”.
César Piñones
Picaflor gigante (Patagona gigas): “Siempre da que hablar, dado su enorme tamaño para un picaflor”.
Verónica Araya
Cachudito de cresta blanca (Anairetes reguloides): “Debiera conocerse sí o sí, por su hermoso plumaje blanco y negro y su distintiva ‘cresta’ que levanta sobre su cabeza”.
Matacaballo (Crotophaga sulcirostris): “Destaca su pico robusto, negro, grueso, estriado y su larga cola mientras se mueve entre las patas del ganado vacuno”.
Chuncho del Norte (Glaucidium peruanum): “Más pequeño que el Chuncho austral, pero no menos letal”.

Jorge Tomasevic
Zarapito de pico recto (Limosa haemastica): “Impresionante capacidad de migratoria de esta especie que podemos encontrar en los humedales de Chile: recorre cerca de 30 mil kms cada año”.
Carolina Yañez
Colilarga (Sylviorthorhynchus desmursii): “Extremadamente difícil de ver, es más fácil escucharlo y la velocidad con la que se mueve entre la quila te sorprenderá”.
Albatros de Buller (Thalassarche bulleri): “Es la elegancia hecha ave y puede pasar años sin tocar tierra”.

Fernando Díaz
Queltehue (Vanellus chilensis): “Es una de las más comunes y reconocibles de los campos y espacios abiertos de Chile”.

Karla Díaz
Peuco (Parabuteo unicinctus), Lechuza (Tyto furcata) y Tucúquere (Bubo magellanicus): “Por la persecución del humano por miedo o porque se comen a los pollitos/gallinas”.
Jote de cabeza colorada (Cathartes aura) y Jote de cabeza negra (Coragyps atratus): “Importante rol ecológico al ser carroñero”.
Gaviota garuma (Leucophaeus modestus): “Nidifica en el desierto y descansa en la costa, viéndose afectada por la actividad humana (mascotas en la playa y vehículos)”.
Pablo Martinez
Churrete costero (Cinclodes nigrofumosus): “Endémico, experto del intermareal desde el extremo Norte hasta la región de los Ríos”.
Becacina pintada (Nycticryphes semicollaris): “Fantasma de los humedales, se desplaza con cautela en terrenos no tan anegados. Se encuentra en peligro de extinción”.
Cachudito de Juan Fernández (Anairetes fernandezianus): “Una de las 3 especies endémicas que habitan en el archipiélago de Juan Fernández”.

Nicole Arcaya
Chorlo nevado (Charadrius nivosus): “Sobrevive sólo en playas donde le hemos dejado “su casa en buen estado”; lo consideramos un indicador de salud del hábitat”.
José Catalán
Peuquito (Accipiter chilensis): “Curioso una rapaz que en vez de vivir en montañas y acantilados sea conocida inclusa como el ‘fantasma de los bosques’”.
Becacina grande (Gallinago stricklandii): “Un ave extraordinaria para quien no la conozca y una de las más elusivas del mundo”.





