Si hay alguien que se tutea con el América es Daniel Alberto el Ruso Brailovsky. Argentino de nacimiento, llegó a México para estar solo tres años, pero en ese intervalo ganó tres campeonatos. El Ruso no solo dice amar al América, lo siente de verdad y analiza en su aniversario las condiciones que provocan que sea un club tan seductor como defenestrado por las masas.

"Difícilmente sería odiado si no fuera un grande", lanza al inicio de la charla, quien trabaja de comentarista en la cadena Fox.

Brailovsky puede firmarlo con sangre, lo del América es otro tipo de responsabilidad para cualquier futbolista y él en particular vivió ese entorno transmutado en polémica por las acusaciones sobre las ayudas arbitrales. De hecho, se remonta a la final de 1984 contra Chivas, aquella denominada "La Final del Siglo" y que no se ha vuelto a ver en el futbol mexicano.

¿Qué es lo que hace grande al América según Brailovsky?

"A ver, pongamos una cosa en claro, no se trata de participar en una final, sino de ganarla, porque de participar muchos equipos lo hacen, pero no vencen, es lógico, son muy chiquitos al lado nuestro y ganamos con todo el odio, el amor y los inventos de que al América se le ayuda".

Entonces, desenvaina la afilada lengua que lleva sus razonamientos.

"En el primer partido contra Chivas dieron muchos minutos de alargue y nos empataron, cuando nos habían expulsado a Carlos De los Cobos. Y en el segundo nos expulsan a Armando Manzo al minuto 23 y nos cobran dos penales en contra y aun así, les ganamos... ya no hubo cómo inventar eso de que los árbitros arreglan los partidos para el América".

El Ruso en la historia del América

A más de 40 años de aquella final, da la sensación de que Brailovsky acaba de terminar el juego, con la melena suelta, las calcetas a media pantorrilla y desfajado. Tan descarado era en el campo como arrogante lo es cuando se trata de defender al América.