Veinte años después de interpretar al Fauno y al Hombre Pálido en El laberinto del fauno, Doug Jones encuentra en la película de Guillermo del Toro un reflejo de un planeta cada vez más dividido por la violencia y las disputas del poder.
“Tengo 66 años y nunca había visto al mundo tan enfrentado como ahora, tantos conflictos. Quizá no todo está perdido, quizá todavía tenemos la voluntad de resistir”, expresa.
Para el actor, la historia de Ofelia (Ivana Baquero), una niña que busca refugio en un universo fantástico mientras enfrenta la brutalidad de la España franquista, conserva su vigencia porque muestra que, incluso quienes parecen más vulnerables, pueden desafiar a una autoridad injusta.
“Muchos conectaron con Ofelia, con ser alguien en desventaja que lucha contra el sistema y contra una autoridad que abusa de su poder. Vemos las noticias y nos damos cuenta de que el mundo está constantemente en guerra. Y cuando observas todo eso a través de los ojos de un niño, encuentras una inocencia muy especial”, añade Jones en entrevista.
Así se refiere el estadounidense a la verdadera monstruosidad que se retrata en la cinta de 2006, una que no está en la apariencia, sino en la crueldad humana.
“Creo que Guillermo toca al monstruo que todos llevamos dentro, por eso suele incluir en sus historias a personajes jóvenes que están atravesando sus propios problemas”, dice.
De la película hispano-mexicana, que celebra dos décadas con su reestreno, Jones considera que el verdadero terror de la historia está representado por el capitán Vidal (López), cuya apariencia humana contrasta con la brutalidad de sus acciones.
“Muchas veces pensamos que los monstruos son malos. Existe ese miedo a lo desconocido. Y después tienes a un ser humano que parece completamente normal, pero que resulta ser la persona más malvada”.
Para Doug, el Fauno representa otra cara de esas criaturas: la de un mentor que, pese a su apariencia inquietante, ayuda a Ofelia a encontrar su propia voz.
“Es una relación muy parecida a la de un mentor con su aprendiz. Al principio no sabes si puedes confiar en él o no, como les sucede a muchos niños con los adultos, hasta que los ponen a prueba. Conforme avanza la historia, esa relación se desarrolla”, explica.
Dos décadas después, el actor considera que cariño permanece. Por ejemplo, asegura que nunca ha visto tantos tatuajes de sus personajes como los inspirados en esta cinta.
“La gente quiere llevarlos en el brazo o en la pierna durante el resto de su vida. Ese es el mayor cumplido que puedo recibir”, concluye.
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