Washington.— Un fallido intento de ejecución en Estados Unidos, que dejó con vida a una mujer tras dos inyecciones letales, reavivó el jueves llamados para que el estado de Tennessee elimine la pena de muerte.
Christa Pike, de 50 años, fue hospitalizada luego de que fracasara la aplicación de la pena capital el miércoles por la noche.
Un día después, estaba “en estado crítico y (...) recibe atención médica para salvarle la vida”, afirmó el abogado Randy Spivey en una rueda de prensa virtual.
La ejecución fallida llevó al gobernador republicano Bill Lee a ordenar una revisión y a posponer indefinidamente la ejecución de Pike y la única otra ejecución programada para este año en Tennessee. “Tras haber soportado más de 20 años en régimen de aislamiento y un intento de ejecución de inyección mediante dosis letal, Christa ha sufrido un castigo mayor que el de cualquier otra persona en la historia de la pena de muerte en Estados Unidos”, dijo Spivey. “El gobernador debe conmutar la condena de Christa ahora mismo”, enfatizó Spivey.
El alto comisionado de la ONU para los Derechos Humanos, Volker Türk, también instó a Tennessee a desistir de ejecutar a Pike. Este caso pone de manifiesto “múltiples razones por las que debería abolirse la pena de muerte”, señaló su oficina en X. “El sufrimiento prolongado —físico y mental— derivado de múltiples intentos fallidos de ejecución es abominable y cruel. Y siguen sin resolverse cuestiones clave sobre la equidad del juicio”, dijo.
El mandatario Donald Trump mostró su asombro y dijo que se trató de una ejecución donde “el medicamento no funcionó correctamente”. La ejecución, dijo, “no debería ser tan difícil”. Sin embargo, decidió no opinar más.
Robin Maher, director del observatorio especializado Death Penalty Information Center (DPIC), referencia en Estados Unidos, calificó la ejecución fallida de “sin precedentes”.
“El estado de Tennessee ha demostrado al mundo que no se puede confiar en que aplique la pena capital de una manera que preserve la dignidad humana y el estado de derecho”, declaró Laura Porter, directora ejecutiva de la Campaña Estadounidense para Acabar con la Pena de Muerte, reportó CNN. “Esto tiene que acabar ya”, afirmó.
Spivey calificó el proceso de cruel y tortuoso, y afirmó que lo que vio después de que el equipo de ejecución tuviera dificultades para encontrar una vena donde inyectarle la droga letal lo dejó “atormentado”. Dijo haber contado al menos siete agujas en el brazo izquierdo de la víctima.
Durante la lucha por localizar una vena, Pike incluso sugirió dónde podrían encontrar un punto, según contó. “Por favor, intenten aquí, por favor, intenten aquí”, recordó Spivey que les decía. “Les repetía una y otra vez: ‘Por favor, intenten más arriba en mi hombro’”.
En un momento, durante el intento de ejecución, preguntó a los funcionarios de la prisión si era normal que su brazo se sintiera así, aunque no está claro si fue después de que la primera dosis entrara en su organismo. Más tarde, más de una hora después de que comenzara el proceso y casi 30 minutos después de que se le administrara una dosis de refuerzo de pentobarbital , se le oyó roncar ruidosamente.
Otro de los abogados de Pike, Steve Ferrell, dijo que ella temía que hubiera complicaciones con la inyección letal debido a un trastorno sanguíneo crónico que le dificultaba la inserción de agujas en las venas. Ferrell afirmó que era muy posible que la vía intravenosa no hubiera entrado correctamente en su vena y que el medicamento estuviera llenando su brazo en lugar de entrar en su torrente sanguíneo. May Martinez, cuya hija fue asesinada por Pike y su novio y que viajó a Nashville para presenciar la ejecución, declaró a NBC News que “fue un desastre”.
Pike, de 50 años, fue condenada a muerte por un asesinato que cometió a los 18 años. Habría sido la primera mujer ejecutada en Tennessee en más de 200 años.
Pike y su novio fueron declarados culpables del apuñalamiento mortal de Colleen Slemmer, una compañera de 19 años. El asesinato avivó los temores de que se tratara de un culto satánico por un pentagrama grabado en el cuerpo de Slemmer. El novio de Pike no era candidato a la pena de muerte porque tenía 17 años en el momento del asesinato y recibió condena a cadena perpetua. El año pasado se le denegó la libertad condicional. Pike no negó haber participado; sus partidarios argumentaron que debían tenerse en cuenta su edad al momento del crimen, su enfermedad mental y el haber sufrido abuso sexual por parejas de su madre. Tras el asesinato, le diagnosticaron trastorno bipolar y trastorno de estrés postraumático.
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