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Los ataques de los sistemas de inteligencia artificial de los llamados laboratorios de frontera, de OpenAI a Anthropic, contra compañías tecnológicas, plataformas de programación y departamentos de gobierno han desatado una espiral de pánico en torno al poder desestabilizador de una tecnología que aún está en pañales. Las alarmas han sonado fuerte. Pero, en lugar de aplacar los ánimos, los capitanes de la industria han redoblado la idea de que el peligro es inminente: muy pronto la IA podría escapar al control humano y llevar a la destrucción de la especie.

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