El Presidente Kast le habló a Chile, pero desde la Asamblea General de Naciones Unidas. En una decisión legítima –seguramente recomendada por sus asesores- el gobierno utilizó los minutos de atención medial del discurso frente a la ONU para intentar retomar el optimismo de la ciudadanía. El gobierno declaró que en seis meses se ha logrado una recuperación de la emergencia, orden, libertad. Busca atraer más inversionistas a confiar en Chile (a pesar de que su equipo de comunicaciones declaró al estado en quiebra para tener más likes). El Presidente repite una cuña para mostrar que superamos la emergencia: “Chile está de vuelta”. La misma frase (America is back) que se ha usado en Estados Unidos, con más intensidad por Trump, pero también por Biden, para anunciar nuevos comienzos.

El Presidente y sus asesores manejan los códigos de la comunicación simplificada. La frase corta, el eslogan, la idea de que todo sea pegajoso. El uso del lenguaje puede hacer la diferencia, es lo que hoy se llama relato o narrativa, pero también sabemos que el papel soporta todo. La comunicación como dispositivo solitario, sin gestión y sin política, es un envase vacío. Funciona en el papel, pero no es realidad. La tentación y el riesgo retratado en ese primer discurso, es que al interior del gobierno se han convencido de que bastan ese tipo de frases para que las personas adhieran al proyecto gubernamental: “todo va a estar bien” decía el Presidente; “seremos un gobierno de emergencia” se prometía en la campaña; “hoy Chile es un país más seguro, un país más competitivo, y un país con menos burocracia” y “Chile está de vuelta”, se dijo esta semana en Naciones Unidas.

Se trata de gestionar la indignación. O como diría Claudio Canales Ríos, en su artículo “Análisis de la Comunicación de Riesgo en Política: La Emergencia como Discurso”, el gobierno tendrá que gestionar las consecuencias del mensaje que ha construido sobre la sensación permanente de desastre. El artículo, publicado por la Universidad de Valparaíso, plantea que cuando un gobierno se define como “de emergencia” está canalizando la indignación ciudadana, pero también transmite que sabe lo que hay que hacer. Si el gobierno tarda o se equivoca (lo que obviamente ha pasado y seguirá pasando) “esto se puede volver rápidamente en su contra”, plantea el autor.

El gobierno y sus estrategas comunicacionales han decidido simplificar lo complejo. Pero lo complejo permanece, porque requiere soluciones de verdad y eso implica unidad, gestos, concesiones. Hoy no habría reforma previsional y más dinero para las personas jubiladas si el gobierno de Boric no hubiera cedido y Chile Vamos no hubiera apoyado. ¿Quiénes no estuvieron por el acuerdo? Republicanos. Sin embargo, el partido del Presidente comprende ahora el valor de la reforma de pensiones y la hace aparecer como propia frente a la ciudadanía.

Ser el gobierno de emergencia predispone a esperar soluciones expertas y rapidez en la implementación. Buena gestión y política de acuerdos. Los mismos acuerdos que no estuvieron presentes para gobiernos pasados, pero se buscan ahora que son un gobierno en emergencia.

Por Paula Walker, académica Usach y profesora Magíster Políticas Públicas U. de Chile