La tasa de desocupación en Chile llegó a 9,6% durante el trimestre móvil junio-agosto de 2026, según informó el Instituto Nacional de Estadísticas (INE).
El indicador aumentó 1,0 punto porcentual en doce meses, debido principalmente al incremento de la fuerza de trabajo y a una reducción de 0,9% en el número de personas ocupadas.
El dato encendió las alertas entre especialistas por sus posibles efectos sobre el consumo y la actividad económica. Jaime La Paz, analista de inversiones de Zesty, sostuvo que la cifra representa “una señal negativa para el consumo y, por extensión, para las empresas que dependen de la demanda interna”.
Además, destacó que el empleo asalariado formal retrocedió 2,9% en doce meses.
Para Natalia Bernal, economista y académica de la Universidad Bernardo O’Higgins, el resultado es preocupante no solo por el nivel de desempleo, sino también por la evolución de determinados sectores. “En un año el número de personas ocupadas cayó cerca del 1%”, señaló, apuntando a la debilidad registrada en información y comunicaciones, industria manufacturera y comercio.
La economista explicó que detrás de estas cifras existirían distintos factores. En la industria manufacturera mencionó una menor actividad productiva y demanda, mientras que en información y comunicaciones vinculó parte de los cambios con la digitalización, automatización y ajustes de costos empresariales. En el comercio, en tanto, apuntó a la debilidad del consumo como un factor que limita la contratación.
Bernal también advirtió que el escenario no necesariamente corresponde únicamente a una situación coyuntural. “Chile necesita recuperar crecimiento, inversión, pero también enfrentar cambios tecnológicos y de productividad que están modificando la demanda por trabajadores”, sostuvo.
Desde la perspectiva de los mercados, La Paz planteó que el retroceso del empleo podría llevar a los hogares a moderar sus gastos y aumentar la cautela respecto de sectores ligados a la demanda interna.





