Increíble que sigamos hablando del “Estallido” para explicar el 18-O. Tan absurdo como si se hubiese seguido discurriendo, todavía en 1921, sobre el “disparo de Sarajevo” como hito fundante de lo que vino después: cuatro años de guerra, la Revolución rusa, el ascenso de Hitler al poder… Hiroshima y Nagasaki, a su vez, fueron explosiones tremendas, pero sólo hasta 1949, cuando se acuñó el término Big Bang, que relativizó toda pretensión humana asociada a la liberación de megatones. A lo que voy es que detonaciones, cualquiera los calibres envueltos, nunca han servido para explicar nada, salvo en Chile. Más lo que ensordece que lo que se afina el oído con calificaciones de ese tenor.
Conforme, no se ha avanzado en la definición del hecho. Sigue sin aclararse de qué estamos hablando. Si de revuelta, rebelión, furia desatada tras fin de autoculpa o “momento destituyente” (explicaciones de izquierda). Con todo, no falta quien aproveche semejante confusionismo para sentenciar, desde la derecha, que la historia se mueve rápido. La quema del Metro y de iglesias y el atribuir dignidad a la brutalidad, es decir, el ánimo octubrista, parecen algo “muy distante”. Uno sigue esa línea y la dictadura y su propia brutalidad se vuelven aún más lejanas. ¡Qué conveniente! Volvemos a la impunidad, viejo dilema de la Transición, cuando se optó por acuerdos y consensos, crecimiento económico, “la alegría ya viene”, y vamos dándole vuelta a la página.
¿Y hoy siete años después? No se ha avanzado prácticamente nada para hacer responsables a quienes ejercieron violencia y la aplaudieron, a sabiendas de que nuestra Justicia, Congreso y Gobierno carecen de capacidad política para condenar atentados antinstitucionales. El PC y el crimen organizado hace rato tomaron nota. El Estado en materia de seguridad es un tigre de papel, manejado por una burocracia que rehúsa asumir su responsabilidad.
De hecho, mi señora me hace ver los siguientes titulares en la primera página de un matutino de la capital, del 30 de septiembre: “Disputar el territorio al crimen organizado con mayor presencia del Estado puede elevar violencia y muertes, alertan expertos”. Adentro, se agrega: “Crimen organizado responde con más violencia ante progresivo cerco policial para prevenir y erradicar delitos”. Ante lo cual, un exministro de Interior y Defensa, en calidad de experto, se digna añadir: “Mientras más sean cercados por nuestras policías, hay un mayor riesgo de que intenten, por cualquier medio, evitar su captura. Atendida su condición de delincuentes, es esperable”. Es decir, seguimos con “cantinfleríos” y siéntase seguro de que nunca tendremos una solución a la inseguridad que el 18-O consagró como regla general en este país. Fotos de carabinero asesinado acompañan la noticia, por si cabe alguna duda.
Por Alfredo Jocelyn-Holt, historiador





