Calama, San Felipe, Los Andes, Machalí y Ancud. En estas ciudades -ninguna de ellas es capital regional- se ubican las cinco sedes de la Universidad de Aconcagua (UAC), una institución fundada hace 36 años, cuyo sello ha sido cultivar una estrecha relación con las comunidades locales, haciendo accesible la formación universitaria con un fuerte arraigo territorial.

No obstante, en 2023 sufrió un duro revés al no obtener la acreditación obligatoria por parte de la Comisión Nacional de Acreditación (CNA), producto de lo cual pasó a ser supervisada por el Consejo Nacional de Educación, sin posibilidades de recibir recursos de parte del Estado para su desarrollo institucional, restricción que también impactó a sus estudiantes, que no han podido optar al Crédito con Garantía Estatal o becas para financiar sus estudios.

Ahora, con una renovada junta directiva, la casa de estudios enfrenta optimista la fase final de un nuevo proceso de acreditación, tras haber culminado recientemente la primera etapa de autoevaluación crítica. Así, a principios de noviembre, la UAC recibirá nuevamente en todas sus sedes a los pares evaluadores mandatados por la CNA, quienes tendrán la misión de revisar los avances del proyecto educativo, el desarrollo institucional, el cuerpo docente y los resultados formativos, entre otras materias.

Al mando de la conducción de este desafío está el rector Marcelo Herrera Hueche, profesor de Inglés y magíster en Gestión Educacional de la Universidad Andrés Bello, con más de 20 años de trayectoria en educación superior, desarrollada principalmente en los ámbitos de la docencia, la gestión académica y la conducción institucional. Herrera conoce de cerca la realidad de la institución: en 2020 se incorporó a la UAC como vicerrector de Sedes, asumiendo la rectoría tres años después.

“Estamos hoy día en un proceso por segunda instancia postulando a la acreditación institucional. En 2023, fuimos evaluados por la CNA y no acreditamos por distintas razones. En el 2020 hubo un cambio de controladores en la universidad, con la determinación clara de acreditarla. Entonces, se tomaron muchas medidas gruesas, grandes, desde los estatutos hasta los modelos educativos, planes estratégicos, políticas, etcétera. Vino la pandemia y hubo un período de tiempo en que tuvimos que retroceder en el avance de nuestros procesos. Así nos tomó la acreditación en el año 2023 y la CNA nos dijo que la mayoría de nuestros procesos estaban bien encaminados, pero que eran incipientes y que querían resultados. Por lo tanto, se postergó la acreditación por tres años y pasamos a ser supervisados por el Consejo Nacional de Educación”, argumenta Herrera.

¿Cómo están enfrentando este nuevo proceso de acreditación?

Nos presentamos con un número menor de estudiantes, mantuvimos las cinco sedes, el proyecto educativo sigue vigente y estamos listos para entrar a este nuevo proceso de acreditación. En 2025 convocamos a todos los estamentos de la universidad y elaboramos y construimos nuestro informe de autoevaluación. Como bien decía el presidente de la CNA (Andrés Bernasconi) en una entrevista reciente en este mismo espacio, las instituciones hemos aprendido mucho. Aprendimos mucho del proceso anterior, a pesar del fracaso de no haber sido acreditados. Esta vez, nos autoevaluamos con una mirada distinta, mucho más crítica, más reflexiva, apuntamos a las debilidades, a las propuestas de mejora que nos hicieron. Las consideramos todas y las incluimos en un informe de autoevaluación que entregamos a la CNA el 30 de junio. Los plazos los hemos ido cumpliendo como reloj. La primera semana de noviembre, los pares evaluadores de la CNA van a apersonarse en nuestras dependencias, en todas las sedes, para poder evaluarnos.

Marcelo Herrera, rector de la Universidad de Aconcagua. Foto: Pedro Rodríguez.

¿Cuáles son los pilares que han trabajado para enfrentar este nuevo proceso de acreditación?

La Universidad de Aconcagua nació en San Felipe hace 36 años con una intención clara, un propósito claro: contribuir al desarrollo de las regiones. Eso se mantiene vigente. Estamos presentes en las comunas en las que otras universidades no están; y donde podemos acceder y ayudar a las personas que no tienen acceso puedan ingresar a la educación universitaria. Ese es nuestro proyecto y lo queremos mantener vigente. Por nombrar dos mejoras sustantivas, hemos avanzado en la conformación del cuerpo docente, pues antes el 90% de nuestros profesores eran contratados a honorarios y hoy esas contrataciones son de planta, porque genera identidad, compromiso y una mejor conexión con los estudiantes y la comunidad. Otro punto que se nos observó era la falta de estrategias orientadoras en el área de la virtualidad, que nos impactó en la pandemia al ser una institución eminentemente presencial. Esta observación la incorporamos en nuestro plan estratégico y en el modelo educativo con todas las variables propias de la educación a distancia. Además, la junta directiva aprobó la creación de un cargo que no existía, el de director de educación virtual, que ya está incorporado.

Si logran la acreditación, ¿cuál es el potencial de su universidad que destacaría a sus nuevos estudiantes?

Se van a encontrar con una institución que es acogedora, que tiene alternativas para el desarrollo de las personas, porque nuestra universidad une la vocación con la empleabilidad. Nosotros orientamos a nuestros estudiantes. Si ellos quieren estudiar una carrera, los tenemos tres semanas, si es necesario, en una orientación previa al ingreso, de manera de que ellos, cuando ponen un pie en su carrera, estén absolutamente conscientes qué van a estudiar. Todos sabemos que desde la enseñanza media, los estudiantes vienen con un vacío. La educación universitaria se ha transformado casi como el primer año en una suerte de nivelación de la educación. Pero lo hacemos, a costa nuestra, conscientes de que el perfil de ingreso, lo que buscamos, lo vamos a lograr.

¿Qué pasa si no logran la acreditación? ¿Qué pierden ciudades como Calama, Ancud, Machalí, San Felipe y Los Andes?

Perderían una posibilidad de desarrollo importante. Si nos acreditamos, la universidad va a ser una universidad compleja, que va a desarrollar investigación disciplinar profunda. Hoy día vienen tiempos en que la educación a distancia permite acceder, pero no es lo mismo que estar insertos en las comunidades.

“Tenemos familias completas que han estudiado con nosotros”

¿Qué cambia en la vida de una persona y su familia el hecho de poder estudiar una carrera sin tener que abandonar su ciudad?

Mucho. Primero, no tienen que hacer desembolso de un gasto adicional, lo que significa irse a vivir a otra ciudad o trasladarse día a día a otro lugar. En segundo lugar, nuestros estudiantes están caracterizados de la siguiente manera: un grupo alrededor del 30% a 40% son tradicionales, jóvenes que recién han terminado la enseñanza media. Pero el 60% son trabajadores que quieren capacitarse, estudiar una carrera que les permita acceder a nuevos ingresos, a nuevas posiciones dentro de las instituciones o de la industria. Tienen familia y quieren permanecer con ella en sus localidades, o no pueden moverse porque son cuidadores a veces de sus padres, madres, abuelos. Y así, muchas variables que hacen que las personas hoy día nos pidan a través de los alcaldes, a través de los distintos estamentos, que hagamos todos los esfuerzos por acreditarnos y mantenernos vigentes.

¿Cómo caracterizaría a los estudiantes de la Universidad de Aconcagua?

Son alumnos que, frente a la adversidad, buscan las posibilidades, las encuentran, las desarrollan y son muy agradecidos de la vida. Hemos tenido estudiantes que todos los días nos escriben correos, hoy día principalmente, en medio de este proceso de acreditación; alumnos que han logrado acceder a puestos importantes, relevantes dentro de sus regiones y también del país, que nos preguntan cómo pueden apoyarnos en este proceso.

¿Cómo apoyan a las familias con el financiamiento para estudiar?

Cuando tienes hijos y dices a esta altura de mi vida tengo que formar a mis hijos. A veces hay familias que tienen que elegir cuál de los hijos estudia, y en ese sentido, nosotros también los abordamos y les decimos: mire, le damos un descuento para que puedan estudiar los dos y no se quede uno sin formación. Hemos hecho un buen trabajo en este ámbito y nos sentimos orgullosos de ello.

Su universidad tiene buenos indicadores de empleabilidad de sus graduados, porque consiguen trabajo en sus propias ciudades.

Esa es una razón muy importante, si uno mira el contexto país hoy día, ve el alto desempleo que existe. Por ejemplo, buscar trabajo en Santiago no es lo mismo que buscarlo a San Felipe, donde sus profesores son parte del sistema, los conocen, saben sus capacidades, sus competencias y, por lo mismo, los contratan y se permanecen con sus familias, con sus hijos, en sus casas. De hecho, tenemos familias completas que han estudiado con nosotros.