
Eran las primeras horas del 2 de septiembre. Las autoridades se habían llevado ya los cuerpos de las víctimas y varios parientes subieron al departamento, un dúplex en la parte alta de uno de los edificios del complejo Grand Viure, en Atizapán. “Se nos permitió ingresar al departamento a efecto de sacar documentos para la identificación [de los cuerpos]”, dice un familiar, en la declaración que rindió esa misma mañana ante la Fiscalía de Estado de México, parte de la investigación a la que ha tenido acceso EL PAÍS sobre el asesinato de Jonathan Honas Meléndez, músico de Camilo Séptimo, de su esposa embarazada, su hija de 3 años, de la joven que la cuidaba, de 21, y a uno de los perros, una golden retriever de un año. Solo se salvó el niño mayor, de 5. El familiar declaró que vieron un tremendo desorden al llegar a la escena que y él, familiar muy cercano de una de las víctimas, enseguida se dio cuenta de un detalle: “Faltaba la memoria donde guardaba sus criptomonedas”.




