El evento El Niño 2026-2027 requiere especial atención para el Perú. En su comunicado del 14 de septiembre, el ENFEN (comité de diversas entidades técnico-científicas vinculadas a la temática) mantiene la alerta de El Niño Costero y prevé su continuidad hasta mediados del otoño de 2027.
El escenario más probable contempla una magnitud extraordinaria entre septiembre de 2026 y enero de 2027, seguida de condiciones entre fuertes y extraordinarias durante febrero y marzo. Esto quiere decir que se anticipan temperaturas costeras muy superiores a lo habitual y posibles lluvias moderadas a fuertes en el norte del país desde noviembre. Durante el verano de 2027 se prevén precipitaciones superiores al promedio en las costas norte y central y la sierra norte occidental; en la sierra sur y sectores amazónicos, condiciones normales a deficitarias.
Los impactos que El Niño podría generar en Perú son inundaciones (fluviales y pluviales), huaicos y desbordes, especialmente en la costa norte, con pérdidas humanas, daños a viviendas, carreteras, puentes y sistemas de agua y saneamiento, además del aislamiento de comunidades y la interrupción de clases y servicios de salud. El antecedente de 2017, que afectó a 1,9 millones de personas, evidencia el riesgo de una emergencia acompañada de brotes de dengue y leptospirosis, desplazamiento de familias y pérdida de medios de vida.
Asimismo, tomando como referencia 1997–1998, podrían producirse pérdidas agrícolas, daños a infraestructura de riego y transporte, dificultades de abastecimiento y alteraciones en la disponibilidad de anchoveta, con efectos sobre el empleo, los ingresos y los precios de los alimentos. La magnitud de estos impactos dependerá de la duración e intensidad del evento, la distribución de las lluvias y la vulnerabilidad de los territorios, por lo que los daños históricos constituyen referencias de riesgo y no predicciones del episodio actual.
Es importante mencionar que es momento de pensar en medidas más a largo plazo, como el drenaje urbano en las principales ciudades del norte del país y también en la reubicación de la población.
Por Gustavo Rondón, geógrafo de la Pontificia Universidad Católica de Perú.





