
Durante décadas, las aguas residuales del Valle de México han creado un infierno ambiental en la presa Endhó, al norte de Tula, en Hidalgo, una epidemia local de muerte prematura entre una población de 20.000 personas. Tras una larga lucha social, cuando estaba a punto de sonar la campana del sexenio de Andrés Manuel López Obrador, la presidencia de México publicó un decreto que declara zona de restauración ecológica el área de influencia de la presa y establecía plazos precisos: la Secretaría de Medio Ambiente tenía ocho meses para desarrollar un programa de restauración, un conjunto de acciones específicas para avanzar en el saneamiento de una zona considerada un infierno ambiental, donde hay evidencias de un carrusel de enfermedades y problemas causados por la contaminación. Dos años después, este programa aún no existe. Desde las instituciones piden confianza y aseguran que ya están trabajando. Los vecinos, que han vivido demasiadas promesas rotas, no tienen paciencia.








