Poza Rica.— El temor de que la tragedia por las inundaciones que dejaron un saldo oficial de 35 muertos en el norte de Veracruz, en octubre de 2025, se repita está latente en Poza Rica.
Las últimas lluvias elevaron la preocupación entre la población, al grado de que por primera vez las autoridades municipales realizaron pruebas de sonido, voz y sirenas en los altavoces colocados en distintos puntos de la ciudad para alertar ante el desbordamiento del río Cazones, la eterna amenaza de esta localidad.
“Esta es la primera prueba de audio enviada a los equipos de Poza Rica por parte de la Secretaría de Protección Civil del estado de Veracruz”, se escuchó en los altavoces la tarde del viernes 2 de octubre, como una medida preventiva.
Previo al primer aniversario de la inundación del año pasado, el miedo se reactivó entre los habitantes de las colonias Gaviotas, Granjas, Morelos, 27 de Septiembre e Ignacio de la Llave, las más afectadas por el desbordamiento del río Cazones.
“El miedo sigue, aunque el domingo bajó la lluvia. No sabemos cómo van las autoridades con el muro que según iban a construir en el río Cazones”, comentó Bibiana González, habitante de las Gaviotas.
La población del municipio se está organizando en redes sociales y mediante grupos de WhatsApp para informarse sobre las condiciones del río, en una Poza Rica que todavía no se recupera del golpe del año pasado, pues los damnificados no terminan de remodelar su casa y algunos establecimientos comerciales afectados siguen cerrados.
En calles y avenidas cercanas al Cazones se observan colchones y basura que arrastró el río al desbordarse, huellas de la tragedia que dejó 27 muertos en este municipio y que no han sido borradas.
En Granjas parte alta, habitantes de la colonia lograron reconstruir su casa con tabique y otros con madera, luego de que la fuerza del río colapsara sus precarias viviendas, de acuerdo con un recorrido realizado por EL UNIVERSAL. Están ahí, dicen, porque no tienen a donde ir, pero esperan ser reubicados por las autoridades, aunque tienen claro que ello puede tardar mucho tiempo, si es que las autoridades les cumplen.
Aunque el primer aniversario del desastre se convirtió en el tema comentado en las Granjas, los habitantes no pierden de vista al río Cazones, que actualmente tiene corriente y sube y baja de nivel dependiendo de las lluvias en la sierra norte de Puebla.
Según Protección Civil, el nivel se encontraba en 1.50 metros, sin que en este momento represente un riesgo para la comunidad.
Sin muro
EL UNIVERSAL solicitó información al municipio de Poza Rica sobre las obras y acciones realizadas durante el último año para evitar una nueva tragedia, pero no obtuvo respuesta de alguna autoridad.
Sin embargo, un funcionario que solicitó anonimato dice al Gran Diario de México que no se ha construido el muro de contención en el río Cazones que prometió la presidenta Claudia Sheinbaum durante su visita a las colonias afectadas. Aseguró que la Comisión Nacional del Agua (Conagua) lanzó una licitación para la obra, la cual se declaró desierta, pero que se volverá a lanzar.
Señala que el municipio no tiene capacidad presupuestal para una obra de esa magnitud; sin embargo —asegura— ha llevado a cabo trabajos de limpieza y desazolve del drenaje en las colonias más afectadas por la inundación.
A los habitantes de Poza Rica les está costando mucho recuperarse, pero contrario a lo que informa el gobierno municipal en sus redes sociales oficiales de que realiza “labores de limpieza y desazolve” para evitar que la tragedia se repita, estos ven insuficientes los trabajos, pues consideran que el drenaje sigue colapsado.
A un año de la inundación, muchos de los habitantes aún no terminan de limpiar y pintar su casa. Algunos ya no regresaron después del fatídico 10 de octubre de 2025, y otros siguen pensando en dejarla definitivamente porque ya no quieren seguir lidiando con el Cazones.
Es el caso de Rita Juárez Valdés, quien lleva 39 años viviendo en el 206 de la calle Carlos Arruza en la colonia Granjas, en los que según ella le ha tocado vivir tres inundaciones y el paso del huracán Grace en 2021.
Después de lo ocurrido el año pasado, señala que ella y su esposo están pensando migrar a Tihuatlán, un municipio en zona alta colindante con Poza Rica, porque cada temporada de lluvias ya no se duerme.
“Nosotros vivimos con la zozobra de que se salga el río. Ya no queremos vivir aquí, por Dios. Ahorita que están las lluvias, de noche ya no se duerme y lo que está pasando es que están brotando los drenajes hasta adentro de las casas, aguas negras. Ya no vamos a invertir en nuestra casa, mi esposo y yo ya somos personas mayores, ya no tenemos las mismas fuerzas, y vamos a buscar porque la verdad por mi parte ya no quiero estar aquí”, comenta.
Amada Romero Hernández vive en la calle del Río, llamada así porque está a unos metros del Cazones, en la zona de las Gaviotas, y recuerda que ella y su familia salieron de madrugada de la vivienda para salvar su vida de la inundación del año pasado.
Relata que el nivel del agua llegó hasta la recámara del segundo nivel de su casa, en el que todavía se observa la marca, la cual no ha borrado para recordarles a las autoridades que no es mentira lo que dice.
“Yo no he pintado esa recámara porque el día que a mí me digan que es mentira, no es mentira, porque la recámara todavía está pelada donde llegó el agua y todo se nos echó a perder, pero el gobierno no piensa en eso de que nosotros estamos aquí mal, y no quieren hacer caso de lo del muro de contención y tienen que hacerlo”, precisa.
Romero Hernández considera que las obras de mantenimiento y desazolve del drenaje realizadas por el municipio son insuficientes y a la mera hora, ya que la temporada de lluvias en la región inició.
Al igual que la mayoría de sus vecinos, la señora afirma que no ha terminado de recuperar muebles y aparatos electrodomésticos que se echaron a perder por el desbordamiento del río.
“Todavía nos faltan puertas, todo se nos echó a perder, no terminamos, incluso todas las tuberías del agua están tapadas; todo está muy mal. Uno ya está con la preocupación de a qué hora se sube el río. Desde la azotea estamos espiando a ver a qué hora se sube en la noche, no sea que se vaya a inundar y nos vaya a agarrar dormidos, porque eso puede pasar”, refiere.
Crecen ríos en Álamo
El municipio de Álamo Temapache también trata de recuperarse un año después de que sufrió afectaciones severas por el desbordamiento del río Pantepec, que dejó dos muertos, según registros de las autoridades federales.
Sin embargo, las lluvias de la última semana provocaron la crecida de los ríos y arroyos que atraviesan la llamada capital de la naranja, aunque por fortuna todavía no se han desbordado, comentaron vecinos a EL UNIVERSAL.
Vecinos aprenden a vivir con el agua; activan alarmas
Poza Rica.— Joaquín Mar Bustos lleva más de 30 años viviendo en la calle Halcones de la colonia Gaviotas, ubicada al pie del temido río Cazones de Poza Rica. Cada vez que llueve, lo primero que hace no es mirar al cielo, sino revisar el nivel del río y poner en marcha las alarmas que los vecinos compraron para intentar ganarle tiempo a las inundaciones.
En esta zona, los vecinos aprendieron a vivir con el agua. No porque se hayan acostumbrado a perderlo todo, sino porque saben que aquí comienza a acumularse primero. “Es la calle que más afluencia de agua tiene”, explica Joaquín.
Por eso, desde hace ocho años decidieron organizarse; compraron un sistema de alarmas que se activa cuando hay peligro del desbordamiento del Cazones. Tienen cuatro alarmas por calle y algunos vecinos cuentan con controles conectados por wifi.
El procedimiento es que cuando suenan las alarmas es para despertar y poner en alerta a los vecinos, porque algunas veces el agua llega durante la madrugada.
Confirmado el peligro, lo primero que sacan de sus casas son los vehículos. Después comienzan a comunicarse a través de un grupo de WhatsApp que ya reúne a más de 300 personas. Ahí se avisan unos a otros para que estén pendientes, despierten a sus familias y, sobre todo, tengan tiempo para reaccionar.
La alarma, asegura Joaquín, puede marcar la diferencia entre alcanzar a sacar un automóvil o verlo quedar atrapado bajo el agua; entre subir algunas pertenencias a lugares altos o perderlas.
Comenta que lo importante es el tiempo para reaccionar y proteger su patrimonio, severamente afectado por la inundación del año pasado.
Joaquín Mar Bustos recuerda que en el siniestro de octubre de 2025 sí hubo una alerta, pero el agua subió demasiado rápido. En aproximadamente media hora el nivel aumentó de manera considerable, hasta alcanzar cerca de tres metros en algunos puntos. Algunos vecinos alcanzaron a salir, recuerda.
Otros se quedaron. “Nos quedamos en las mismas casas subiendo las cosas que podíamos”, relata. Desde entonces, asegura, la vigilancia se volvió casi permanente.
Al igual que en otras colonias como Granjas, Ignacio de la Llave, Morelos, 27 de Septiembre, monitorean el río, revisan el comportamiento del agua y mantienen abierto el grupo de WhatsApp. La tranquilidad dura poco cuando comienza a llover con intensidad.
Mar Bustos asegura que el temor sigue ahí. “Estamos espantados, con el temor. Cada rato estamos monitoreando el río”.
No es únicamente miedo a que vuelva a entrar el agua. Es el miedo a repetir la historia.
Joaquín recuerda que la primera ayuda que recibieron no llegó de las autoridades. Llegó de las comunidades cercanas. “Fue de gente que venía de rancherías, pueblitos”, cuenta.
Personas que se abrieron paso hasta las Gaviotas cuando las calles estaban cubiertas por cerca de 60 centímetros de lodo. Las camionetas con ayuda federal, estatal y municipal permanecían en el boulevard Adolfo Ruiz Cortines porque no podían entrar.
Los habitantes del fraccionamiento tuvieron que esperar. “Así estuvimos como dos semanas de lodo”, relata Joaquín.
Mientras tanto, personas de comunidades rurales entraban hasta donde podían para llevar comida a los damnificados. Después llegó la ayuda oficial. “Sí llegó, pero muy lenta, tarde”.
A un año de las inundaciones, las Gaviotas continúa levantándose entre calles abiertas, drenajes pendientes y obras que parecen no terminar. En la calle Halcones, los trabajos comenzaron desde junio. “Abrieron la calle, se llevaron como 15 días en este tramo y todavía no pueden terminar”, comenta Joaquín.
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